lunes, 24 de mayo de 2010

El largo adiós


La ironía más melancólica es la que destila el interior del detective Philip Marlowe. Nace de la lucidez sobria de su voz en off, que como una serpiente desenvolviendo sus anillos, lentamente, antes de atacar, sacude su brillo triste como si fueran gotas de agua sobre el parabrisas de un coche, aparcado en cualquier parte y esperando, siempre esperando, aún en medio de la acción, que es lo que menos importa de este y de cualquier otro de sus libros. Existe una anécdota durante el rodaje de “El sueño eterno”, otra de sus novelas. Su director, Howard Hawks, tenía dudas sobre quién había matado a uno de los personajes y llamó al autor del libro creyendo solucionarlo. Pero Chandler le respondió que él tampoco lo sabía y que eso era lo que menos importaba.Es decir en sus historias (y quizá El largo adiós es la más representativa) la trama es secundaria, a pesar de vestirse con la ropa de una novela policíaca. No en vano este tipo de historias fue llamado novela negra por los franceses, que para algunas cosas son ciertamente sutiles. Negra por el trasfondo oscuro, sucio y turbio que se desliza bajo la superficie de la dorada California (su escenario preferido). Negra por el espíritu de Marlowe que mira las cosas atravesándolas, con una constatación triste y poderosa, o bien dándoles la vuelta como a un guante. Negra por su atmósfera de claroscuro, fluido pero espeso como la tinta y la sangre. Sueños envolviendo vidas como un abrigo viejo, y vidas masacradas por los sueños más altos. Las raíces de su apasionado hechizo se deslizan por raíles de lucidez nostálgica, huellas de pisadas como marcas de sueños rotos, abrigos de piel sobre pieles desnudas, juegos de espejos enfrentados, acciones inútiles, alcantarillas luminosas y jaulas de oro. Estelas de princesas podridas, pistolas hermanas, calor sucio y tormentas con la tensión de planetas entrechocando al amanecer. Polvo y viento, ginlet (aquí sale la perfecta receta para este cóctel) con sabor a humo, caras cruzadas por sombras, piscinas taciturnas y carretera infinita. Y siempre un final de preguntas sin respuestas. Marlowe: “Después partí. En la frontera nadie me dirigió ni una mirada, como si mi rostro tuviera tanta importancia como las manecillas de un reloj”.

Fuente: Wakan

domingo, 23 de mayo de 2010

El sueño eterno por Howard Hawks



La escribió en tan sólo 3 meses cuando tenía 50 años y el argumento provenía en parte de algunas de sus historias cortas. El General Sternwood llama a Marlowe para decirle que Rusty Regan, el marido de su hija mayor, Vivian, ha desaparecido, y le contrata para descubrir quien le ha intentado hacer chantaje con las indiscreciones cometidas por su hija pequeña Carmen. Marlowe observa la tienda de pornografía de Geiger, el chantajista, y le sigue hasta su casa. En casa de Geiger descubre a Carmen que está drogada y posando para una sesión pornográfica y Geiger muerto. Después de llevar a Carmen a su casa, Marlowe descubre que un tal Brody se ha llevado los libros y fotos de Geiger. Entre tanto el chofer de los Sternwood y asesino de Geiger aparece muerto y aparentemente parece un suicidio. En el apartamento de Brody, Marlowe encuentra fotografías robadas de Carmen y a Carmen que aparece allí e intenta disparar a Brody aunque no llega a hacerlo porque unos minutos más tarde Carol Lundgrin, el amante homosexual de Geiger, aparece y dispara a Brody. Esto cierra el círculo de chantaje pero Marlowe empieza a rastrear la desaparición de Rusty Regan. Empieza con Eddie Mars, el propietario de un club de juego que se encuentra con Marlowe cuando estaba merodeando en las cosas de Geiger. Regan se había fugado con la mujer de Mars; además Vivian Sternwood tenía alguna conexión con Mars. Al mismo tiempo las dos hermanas Sternwood tratan de seducir a Marlowe pero él las rechaza. Harry Jones, un pequeño criminal le dice a Marlowe que él y su novia, Agnes, saben donde está la mujer de Eddie Mars. Lash Canino, el asesino a sueldo alquilado por Mars, envenena a Jones pero Marlowe encuentra a Agnes y le da posibles direcciones donde podría estar Mrs. Mars. Cuando Marlowe llega, Canino le golpea y le amordaza junto con Mrs. Mars. Ella libera a Marlowe y dispara a Canino cuando llega el asesino entonces Marlowe va a casa de los Sternwood y el general le pide que encuentre a Rusty Regan. Cuando se va, Marlowe descubre que Carmen Sternwood ha matado a Regan. Vivian le dice a Marlowe que ella les había dicho a Mars y a Canino que llevaran el cuerpo de Regan a un pozo de petróleo abandonado. Marlowe obliga a Vivian a que interne a su hermana Carmen en un psiquiátrico y el le da la información al General. La combinación de historias para componer The Big Sleep provienen de "Killer in the Rain", y de "The Curtain", junto a pequeños detalles de "Mandarin ´s Jade" y "Finger Man". En un sentido, toda la ficción temprana de Chandler que caracterizó a Mallory en su primera historia "Blackmailer ´s Don´t Shoot" (1933) y Carmady que aparece por primera vez en "The Man Who Liked Dogs" (1936), nos llevan a lo que luego será Marlowe. La base sólida de The Big sleep es la caracterización de Marlowe y la forma de escribir de Chandler. Robert Skinner nos dice que la primera vez que leyó The Big Sleep le llamó la atención el diálogo, los extraños cambios de argumento y el fascinante y a la vez peculiar reparto de personajes. El concepto de caballero errante que defiende su honor es según Skinner el tema central en toda la obra de Chandler. No es casual que el nombre de su héroe sea Mallory y que su héroe más conocido se llame Marlowe. Es indudable que aquí hay ecos de su educación clásica recibida en Inglaterra al final de la era Eduardiana. Sin embargo también hay que decir que Chandler recibió críticas. En A Catalogue of Crime Jacques Barzun y Wendell Hertig Taylor dedican gran parte de la introducción a refutar lo que Chandler critica en su obra The Simple Art of Murder donde dice que la historia clásica de detectives carece de verosimilitud. Estos críticos no piensan que Chandler adquiera más realismo en sus historias y les parece increíble que su héroe, Philip Marlowe, no tenga interés por el dinero y que siga con vida a pesar de disparos y golpes. Sin embargo ensalzan su trabajo sobre todo en The Big Sleep, Farewell, My Lovely y The Lady in the Lake, que según ellos es su obra maestra.

La ventana alta

En un principio el título de esta obra era The Brasher Doubloon, que Chandler termina en septiembre de 1941. Envía el manuscrito a Sanders, uno de sus editores, que lo rechaza de plano y ni siquiera se lo manda a Knopf, que era quien decidía finalmente si se editaban los libros o no. Chandler lo revisa y reescribe y lo termina en 6 meses. The High Window es una novela transitoria. Sus frecuentes intrusiones como autor y la parodia indican su ansiedad por llevar el género más allá, por hablar de forma demasiado directa. Hay atisbos de lo que luego serán sus obras posteriores. Esta novela muestra un mayor interés por el argumento. El argumento de The High Window es original. Hay algunas características de The Big Sleep pero mejor integradas. Mrs. Murdock contrata a Marlowe para que encuentre el Brasher Doubloon (moneda antigua de gran valor). La nuera de Mrs Murdock, Linda Conquest, se lo ha llevado y quiere que lo encuentre. También quiere el divorcio de su hijo, Leslie Murdock, pero sin negociación. Y a partir de aquí se desarrolla toda la trama. Merle Davis, la secretaria personal de Mrs. Murdock, tímida y con cierta neurosis sexual, hasta el punto de odiar a los hombres, ayuda a Marlowe con ciertas pistas como los nombres de los amigos de Linda Conquest: Lois Magic y Loius Vannier. Leslie Murdock va a ver a Marlowe y le dice que debe $12.000 al chantajista Alex Morny. Marlowe descubre que Morny está casado con Lois Magic y viven en Bel Air. Marlowe va allí pero no descubre nada. Marlowe visita a Elisha Morningstar, una coleccionista de monedas, que había llamado a Mrs. Murdock para hablarle de la moneda antigua que estaba buscando. Después de varios asesinatos y de que la policía apremiara a Marlowe, la verdad sale a la luz cuando Marlowe se enfrenta a Leslie, que confiesa haber robado la moneda para hacer una réplica. Pretendía que Phillips, su cómplice, se la vendiera a Morningstar para que ésta llamara a Mrs. Muerdock para comprobar su autenticidad. Pero Vannier, uno de los amigos de Conquest, mata a Phillips y a Morningstar cuando ve que no le dan la moneda original. Leslie mata a Vannier. Al final Mrs. Murdock recupera la moneda. La estructura y el significado de los diálogos quedan bien sentados en The High Window. Sus valores más relevantes son su rapidez y su originalidad, un poco de virilidad y suavidad en forma y tono.

La hermana menor

En esta obra Chandler vuelve a un tema que ya había tocado en The High Window: por qué los emigrantes pierden su virtud americana cuando van a Los Angeles y la respuesta que nos muestra en esta obra es que se debe al ansia de dinero. En esta obra los emigrantes son los Quest, de Manhattan, Kansas. Orfamay, auxiliar de clínica, contrata a Marlowe para que encuentre a su hermano Orrin, un fotógrafo que ha desaparecido en Los Angeles. Con este planteamiento se desarrolla el argumento de esta obra introduciendo personajes diversos y encadenando hechos que nos llevaran al desenlace de la obra con tres muertes: Orrin, Lagardie, un médico emigrante de Cleveland y su ex-mujer, Dolores. Los críticos consideran The Little Sister como una crítica social en contra de la civilización moderna que pone en boca de sus personajes. También aparece en esta obra el tema de la decadencia moral en Los Angeles representada por los emigrantes que vienen de Kansas. The Little Sister es una obra que según su propio autor está escrita con mal humor. Es un poco la recopilación de experiencias que tuvo Chandler en Hollywood. Chandler dice que la obra no es pura ficción y que incluso hay personajes reales que conoció allí. Además está el devastador punto de vista de Chandler sobre Los Angeles que se centra ahora en Hollywood y se añade un punto de vista del medio oeste representado por Orfamy Quest, la hermana pequeña procedente de Manhattan, Kansas. Según algunos críticos esta es la mejor novela de Chandler, ya que es el fruto de sus años en Hollywood y por tanto es una experiencia vivida por lo menos en cuanto a algunos personajes se refiere.

Playback

Es su última y claramente su peor novela. Empezó siendo un guión para una película en 1947 donde combina parte de los argumentos de sus historias cortas "Guns at Cyrano ´s" (1936) y “I´ll Be Waiting” (1939). Pero no se llegó a hacer la película y Chandler lo retoma para escribir Playback. El argumento es que el abogado Clyde Umney contrata a Marlowe para seguir a Eleanor King. Marlowe la sigue y la vigila y viaja donde ella va. Le golpean, escucha conversaciones de chantajes, hay varios asesinatos. Es en esta obra donde Marlowe tiene una primera relación más específica con una mujer, Linda Loring, aunque en The Long Goodbye ya tuvo algun contacto. De hecho la obra termina con la llamada de teléfono de Linda que le pide que se case con ella y que vaya a buscarla a París. Pero Marlowe le dice que mejor que venga ella a Los Angeles y le manda el billete para que vuelva. En esta época escribir le resulta duro a Chandler pero finalmente publica esta obra, Playback. Esta obra ha sido casi unánimemente condenada; es más corta que las otras, es muy diferente a las otras. Esto se debe a que en el guión de la película que escribió Chandler y al que hacemos referencia anteriormente, no aparece Marlowe y ocurre en Vancouver. Pero además en esta obra Chandler muestra signos de cansancio y de indulgencia.

Chandler, el escritor

Hacia 1908 Chandler se volvió a encontrar con amigos de su colegio de Dulwich que también querían abrirse camino en la literatura y se unió a un club de antiguos alumnos y pasaba mucho tiempo en Bloomsbury. Vivía con su madre en un apartamento y esto le presionaba para tener un empleo pronto y serio. Primero trabajó como reportero de The Daily Express pero le despidieron. Luego el tío Thornton le proporcionó otro trabajo en The Westminster Gazette uno de los periódicos más influyentes de Londres. Su jefe, J.A. Spender, fue el primero en ser amable con él. Uno de los más famosos contribuidores de la gaceta era el sátiro H.H. Munro conocido como Saki y fue una influencia muy importante para Chandler en cuanto a parodia y sátira se refiere. Ya en esta época empezó a escribir poemas que eran parecidos en forma y estilo así como en el tema. Escribía en cuartetos o sestetos con rima fuerte en abab. Utilizaba arcaísmos, refranes y poca creatividad en la sintaxis. Entre 1911 y 1913 publicó 12 ensayos y reseñas en Academy. Son altamente críticos y versan sobre el arte de escribir y el de ser escritor.

Para continuar leyendo este ensayo clikear aquí.

Filmography

1. Trouble Is My Business (details only on IMDbPro)
1. Marlowe (2007) (TV) (characters)
2. Mazaný Filip (2003) (character)
... aka "Smart Philip" - International (English title)
3. Poodle Springs (1998) (TV) (book)
4. Once You Meet a Stranger (1996) (TV) (screenplay "Stranger on a Train") (teleplay)
5. "Fallen Angels" (2 episodes, 1993-1995)
- Red Wind (1995) TV episode (story)
- I'll Be Waiting (1993) TV episode (story)
6. Proini peripolos (1987) (excerpt)
7. "Philip Marlowe, Private Eye" (11 episodes, 1983-1986)
- Red Wind (1986) TV episode (novels)
- Trouble Is My Business (1986) TV episode (novels)
- Guns at Cyrano's (1986) TV episode (novels)
- Pickup on Noon Street (1986) TV episode (novels)
- Spanish Blood (1986) TV episode (novels)
(6 more)
8. The Big Sleep (1978) (novel)
9. Farewell, My Lovely (1975) (novel)
10. Double Indemnity (1973) (TV) (1944 screenplay)
11. The Long Goodbye (1973) (novel "The Long Goodbye")
12. Marlowe (1969) (novel "The Little Sister")
13. "Storyboard" (1 episode, 1961)
- I'll Be Waiting (1961) TV episode (story)
14. "Philip Marlowe" (26 episodes, 1959-1960)
- You Kill Me (1960) TV episode (character)
- Last Call for Murder (1960) TV episode (character)
- Murder Is Dead Wrong (1960) TV episode (character)
- Murder Is a Grave Affair (1960) TV episode (creator)
- Murder by the Book (1960) TV episode (character)
(21 more)
15. "77 Sunset Strip" (1 episode, 1958)
- One False Step (1958) TV episode (screenplay)
16. "Schlitz Playhouse of Stars" (1 episode, 1957)
... aka "Herald Playhouse" - USA (syndication title)
... aka "Schlitz Playhouse" - USA (new title)
... aka "The Playhouse" - USA (syndication title)
- Tower Room 14-A (1957) TV episode (story)
17. "Climax!" (2 episodes, 1954)
... aka "Climax Mystery Theater" - USA (alternative title)
- The White Carnation (1954) TV episode (story)
- The Long Goodbye (1954) TV episode (novel)
18. "Lux Video Theatre" (1 episode, 1954)
... aka "Summer Video Theatre" - USA (summer title)
- Double Indemnity (1954) TV episode (previous screenplay)
19. "Studio One" (2 episodes, 1951-1953)
... aka "Studio One Summer Theatre" - USA (summer title)
... aka "Studio One in Hollywood" - USA (new title)
... aka "Summer Theatre" - USA (summer title)
... aka "Westinghouse Studio One" - USA (alternative title)
... aka "Westinghouse Summer Theatre" - USA (summer title)
- The King in Yellow (1953) TV episode (story)
- The King in Yellow (1951) TV episode (story)
20. Strangers on a Train (1951) (screenplay)
... aka "Alfred Hitchcock's Strangers on a Train" - USA (complete title)
21. "Nash Airflyte Theatre" (1 episode, 1951)
- Pearls Are a Nuisance (1951) TV episode (story)
22. "Robert Montgomery Presents" (1 episode, 1950)
- The Big Sleep (1950) TV episode (story)
23. "The Philco Television Playhouse" (1 episode, 1949)
... aka "Arena Theatre" - USA (new title)
... aka "Repertory Theatre" - USA (new title)
... aka "The Philco-Goodyear Television Playhouse" - USA (new title)
- The Little Sister (1949) TV episode (story)
24. The Brasher Doubloon (1947) (novel "The High Window")
25. Lady in the Lake (1947) (novel)
26. The Big Sleep (1946) (novel "The Big Sleep")
27. The Blue Dahlia (1946) (written by)
28. The Unseen (1945) (writer)
29. Murder, My Sweet (1944) (novel)
30. And Now Tomorrow (1944) (writer)
31. Double Indemnity (1944) (screenplay)
32. Time to Kill (1942) (novel "The High Window")
33. The Falcon Takes Over (1942) (novel "Farewell, My Lovely")

Fuente: IMDb

Todo Marlowe

Novelas:

• El sueño eterno (1939). El detective investiga el chantaje a un anciano millonario, el coronel Sternwood, que vive inmóvil en su sillón de ruedas, en una lujosa mansión californiana con sus hijas, Carmen y Vivian, que le causan graves quebraderos de cabeza. Lo que parecía una desavenencia familiar de poca importancia empieza a complicarse con la aparición de un cadáver y un negocio de libros pornográficos.

• Adiós, muñeca (1940). Marlowe sigue al gigante Moose Malloy en la búsqueda desesperada de su “pequeña Velma”, pero termina enredándose en las turbulencias de un hampón. Las investigaciones que lleva a cabo Marlowe le colocan ante situaciones peligrosas, ya que tiene que enfrentarse a personajes oscuros y de dudosa honestidad. En estas circunstancias no le resultará nada fácil cumplir con su misión.

• La ventana alta (1942). Esta vez, Marlowe persigue el rastro de una moneda, el Doblón Brasher, valorado en una fortuna para acabar donde suele: en las alcantarillas del engaño, la violencia y el delito. El detective, entre otras cosas, irá descubriendo una trama sórdida que puede desembocar en lo más inesperado. Si no, que se lo pregunten a la señora Murdock.

• La dama del lago (1943). La corrupción y el crimen se desencadenan tras la desaparición de una mujer sin atributos, Crystal Kingsley, quien envió una nota desde El Paso a su marido, el empresario Derace Kingsley, donde le informaba de su intención de obtener el divorcio en México y casarse con Chris Lavery, un casanova de Beverly Hills.

• La hermana pequeña (1949). Una furibunda disección de la industria hollywoodiense. “Era una muchachita menuda, pulcra, de aspecto bastante relamido, con pelo castaño liso y muy repeinado [...]. No llevaba maquillaje, ni pintura de labios ni joyas. Las gafas sin montura le daban un aire de bibliotecaria”. Tal es Orfamay Quest, la hermana pequeña que, sorprendentemente, introducirá a Philip Marlowe en uno de los casos más complicados de su carrera.

• El largo adiós (1954). “La primera vez que le eché los ojos encima, en el interior de un Rolls Royce Silver Wraith, junto a la terraza de Los Bailarines, Terry Lennox estaba borracho”. Así comienza esta novela, cima de Chandler y del género negro. En estas breves líneas se resume todo lo que se necesitará saber de Lennox: lujo, dinero y desgracia. Al rico borracho, le acusarán de matar a su esposa, Sylvia. A la vez que a Marlowe le piden que cuide de Roger Wade. Y conoce a Linda Loring.

• Playback (1954). La última aparición de Philip Marlowe. Contratado por el abogado Clyde Umney para seguir a una bella y misteriosa mujer, Eleanor King, absuelta del cargo de asesinato de su marido alcohólico, el detective, que muestra signos de cansancio e indulgencia, se ve envuelto en una trama de chantajes.

Relatos:

• El confidente (1934). Canales, el propietario de un garito de juego, le dije a Marlowe: “Creo que es usted un poli, un poli listo”. Y éste le contesta: “No, soy un detective –dije–. Y no demasiado listo. No se deje engañar por mi cara de astuto. Es cosa de familia”. La primera historia de Marlowe. La primera vez que recibe un culatazo. Y la primera vez que se tropezará con una hermosa mujer fatal. Y un jugador tramposo que aparece asesinado.

• El lápiz (1961). “Mi cuento –según relata el propio Chandler– trata de un tipo que intenta salirse de la organización de la Mafia pero sabe demasiado y alguien le dice que han enviado a un par de profesionales a matarlo. No tiene a nadie a quién pedir ayuda, así que va a ver a Marlowe”. El problema es qué puede hacer.

Fuente: Serie Negra

Nota biográfica


Chandler creció y fue educado en Inglaterra tras el divorcio de sus padres. En el Dulwich College de Londres (1900-05), estudió asignaturas clásicas y modernas, y recibió sólidos conocimientos en el arte de escribir. Parte de su educación transcurrió en Francia y Alemania (1905-07) y se hizo súbdito británico en 1907.

Soldado al servicio de los Gordon Highlander de Canadá, empleado de banco, periodista, ejecutivo de una firma petrolera que lo despidió por sus escándalos con secretarias, suicida frustrado, Chandler pertenece a la galería de escritores norteamericanos cribados en lo más explosivo de la vida. Su narrativa, por fortuna, recoge esa veta y da la sensación de un vitalismo inagotable.

Trabajó como reportero para el London Daily Express y para la Bristol Western Gazette (1908-12). Publicó 27 poemas y su primer relato The Rose Leaf Romance, antes de regresar a los Estados Unidos.

Luego de participar en la Primera Guerra Mundial regresó a California, donde viviría el resto de su vida. Al morir su madre en 1924 se casó con Pearl Cecily Bowen (Cissy), casi dieciocho años mayor que él, con quien compartirá tres décadas de su vida, hasta la muerte de ella en 1954. Cissy y sus queridos gatos -nunca tuvo hijos- fueron su compañía cotidiana, y en 1933, a los 45 años, con ayuda de Cissy, se dedicó enteramente a la escritura.

Era un escritor lento, pasó cinco meses escribiendo su primer relato, Blackmailers Don't Shoot, que apareció en el número de Diciembre de 1933 de la revista Black Mask, un pulp magazine dedicado a difundir diversos relatos de acción de distintos géneros, y desde entonces no abandonó el género que le convertiría en un clásico. Comenzó imitando a Hammett pero la principal deferencia entre los dos es la oposición entre el estilo seco, distanciado y carente de emoción de Hammett y el desesperado romanticismo que impregna los relatos de Chandler, que encuentra su máxima expresión en el personaje de Philip Marlowe, el detective privado que hará su aparición en la primera novela del escritor y lo acompañará hasta sus últimos textos. y no se dio por vencido hasta superarlo con creces. Entre 1933 y 1939, produjo 19 relatos.

En esos relatos (y en los de otros escritores como Dashiel Hammett) está la auténtica génesis de la novela negra norteamericana, un género que, a diferencia del inglés, pone al desnudo los vicios y las ambiciones de la sociedad capitalista, una sociedad donde el dinero y la búsqueda del poder aparecen como los auténticos motores de las relaciones humanas, con su secuela de crímenes, marginación e injusticia. Si en el relato policial inglés lo que importaba era "quién" cometió un crimen, en la novela negra norteamericana lo fundamental era desentrañar "por qué" alguien había sido asesinado.

A los 51 años apareció su primera novela, El sueño eterno (1939). En esta historia introducía a Philip Marlowe, un maduro detective privado de 38 años, hombre de honor y un caballero moderno, con una cierta educación. En esta historia, Marlowe se mueve por el lado oscuro de Los Angeles en los años 30 y ayuda a salvar de un infarto a un millonario rescatando a su hija de una posible trama de chantaje.

Hacia 1941 había publicado una veintena de cuentos que recuperó años más tarde en sus novelas. Le gustaba decir que "canibalizaba" sus viejas historias y las volvía oro. En 1943 se le propuso trabajar en el guión de Double Indemnity (Perdición), sobre la novela de James Cain. Aunque Billy Wilder y Chandler no se llevaban muy bien, Wilder reconoció rápidamente su habilidad como guionista.

Philip Marlowe se convertiría (junto con Sam Spade, de Hammett) en el prototipo de detective de los años 30-50. Solitario, melancólico y escéptico, y a la vez tierno, cínico, desencantado y una buena persona, Marlowe será una suerte de alter ego de Chandler, un Quijote que enfrenta una sociedad que no comprende sólo armado con su insobornable ética y su dignidad personal. El desmoronamiento progresivo de Marlowe (en Poodle Springs, la última novela inconclusa del escritor, aparece casado con una millonaria) es paralelo al de Chandler en los últimos años de su vida, luego de la muerte de su esposa. El pobre Marlowe anda siempre metiéndose en líos intentando ayudar y saliendo cada vez más escaldado. La fuerza del personaje, y la calidad de las novelas de Chandler propiciaron que la gran mayoría acabaran siendo adaptadas a la gran pantalla.

Después de la muerte de su esposa, en 1954, el escritor entró en un estado depresivo que incrementó, si cabe, su vocación etílica (fue un gran bebedor durante toda su vida) e incluso provocó dos frustrados intentos de suicidio. Falleció en La Jolla, California, el 26 de marzo de 1959, a los setenta años.

sábado, 22 de mayo de 2010

Extraños en un tren de Alfred Hitchcock



La intriga de esta novela está basada en la idea de un crimen sin móviles, un crimen perfecto: dos desconocidos acuerdan asesinar cada uno al enemigo del otro, proporcionándose así una coartada indestructible. Bruno: alcohólico con problemas edípicos, homosexual latente viaja en el mismo tren que Guy: ambicioso, trabajador, adaptado. Empiezan a conversar y Bruno, demoníacamente, fuerza al otro a hablar, a descubrir su punto débil, la única grieta en su ordenada existencia: Guy quisiera verse libre de su mujer, que le traicionó y que puede ahora obstaculizar su prometedor futuro. Bruno le propone un pacto: él matará a la mujer y Guy, a su vez, al padre de Bruno, a quien éste odia. Guy rechaza tan absurdo plan y lo olvida, pero no así Bruno, quien, una vez cumplida su parte, reclama al horrorizado Guy que cumpla con la suya. Guy Haines es tenista y Bruno Anthony, un caprichoso heredero. El tren en el que se conocen casualmente tiene como destino Long Island. Después de mantener una breve conversación, el adinerado psicópata propone el maquiavélico plan: un intercambio de crímenes, él acabará con la libertina mujer del deportista para que al final éste pueda conseguir su divorcio y el tenista asesinará a su padre al que odia profundamente. El argumento esta basado en una novela de Patricia Highsmith y entre los guionistas estaba Raymond Chandler. Con este material, Hitchcock construye, con su habitual precisión narrativa, una verdadera joya del cine, con un espectacular trabajo de dirección pero utilizando el libro de Patricia Highsmith como musa, como elemento inspiracional. Del libro se tomó sólo la primera parte, modificando el desenlace, pero conserva siempre su espíritu de maquinación diabólica. Esta libertad de adaptación es imprescindible al hacer una película basada en una novela. Una película requiere de unos tiempos y unas formas de narración muy diferentes a las de una novela. Un libro se lee en espacios de tiempo separados mientras que una película se ve en continuidad. Un libro tiene tantas visualizaciones como lectores y una película es una opción visual única, la de su creador. La historia narra el acuerdo entre los dos personajes para realizar el asesinato perfecto: “tu matas a mi padre, que me agobia, y yo me cargo a tu mujer que no te concede el divorcio”. Sin móviles aparentes, y con coartadas previas, el éxito está asegurado. El único problema es que mientras uno se toma en serio la propuesta el otro no cabe en su asombro y no está por la labor. La cinta es sensiblemente diferente a la obra de Patricia Highsmith. No sólo por el giro final que le da Hitchcock a la historia, si no por el tratamiento que hace de la trama cuando subraya sus particulares obsesiones. Esto hace que el resultado quede “distorsionado” y la adaptación no se parezca en casi nada al original.

¿Cómo leer a Chandler?


Cada tanto, las editoriales que se dedican a novelas negras reeditan sus obras: El sueño eterno (1939) —la primera novela del autor. Adiós, muñeca (1940) —de ser posible con la traducción de César Aira. La dama en el lago (1943), La ventana siniestra (1943), La hermana menor (1949) y la emblemática: El largo adiós (1952).En todo caso, bien por Chandler. ¡Y mejor para sus lectores!

El viejo Raymond no escribió mucho: siete novelas —muchas de ellas refundiendo textos anteriores—, una serie de cuentos cortos y algunos guiones para el cine. Su primer cuento, "Blackmailers don't Shoot" (Los chantajistas no disparan), fue publicado en 1933 por Black Mask, pionera publicación pulp que marcó toda una época en la literatura policial. El padrino literario de Chandler no fue otro que Dashiell Hammett: él se encargó de conseguir que esta primera publicación apareciera en la legendaria revista. Es un momento trascendental para el policial negro: el Sam Spade de Hammett se eclipsa y le cede el trono detectivesco a un Philip Marlowe algo menos lírico, algo más desencantado del mundo.

En el momento de publicarse "Blackmailers don't Shoot", Chandler ya tenía cuarenta y cinco años. Dos décadas más tarde, terminó su carrera como novelista con El largo adiós, editada en 1953. Al morir, en marzo de 1959, dejó una obra inconclusa: Poodle Springs. La terminó —o creyó terminarla— Robert Parker. Se hizo una deplorable película para TV, con la dirección de Bob Rafelson y con el no menos deplorable James Caan destruyendo al personaje de Marlowe.

¿Cómo leer a Chandler? Con una gran dosis de humor y una batería de antiácidos, creo. No se necesitarán conocimientos sobre venenos hindúes indetectables, tampoco hará falta que la víctima se pare sobre una única baldosa posible —y justo a las 3:30 de la tarde—, para que una ballesta dispare esa flecha mágica que le atravesará la coronilla; bastará con imaginar el impacto de una bala calibre .45 en el pecho de algún rufián.

En la obra de Chandler el enigma es, en realidad, un asunto secundario (si no fuese así, la relectura de cada una de sus novelas sería insoportable: el lector ya sabe cómo termina todo). Lo impresionante es la acción vertiginosa y el estudio de los caracteres humanos bordeando el estereotipo, jugando con el grotesco en una mezcla de brutalidad, ironía y filosofía de bar. Bar en que lector y personaje se sientan a beber bourbon en cada página. Porque, convengamos en esto, a Philip Marlowe uno lo quiere desde la primera línea, se le hace difícil separarlo de su autor. Claro que no siempre se llamó así este justiciero que a veces esquiva los caminos del procedimiento legal, este Quijote americano de los 50': en distintos cuentos, Chandler lo hace aparecer como Mallory, Malvern, Carmody y Dalmas. Pero uno puede oler a Philip Marlowe en cualquiera de estos personajes.

Adiós, muñeca


Al igual que en El sueño eterno, Chandler canibaliza algunos de sus cuentos, los cose con hilo grueso y... voilá: produce esta novela. Aquí ya se advierte al definitivo Marlowe: un perdedor caballeroso y duro, con algo de cultura y muchos principios.

—¡Me he excitado un poco! —dijo (Malloy)—. No le deseo a nadie un tropezón conmigo. ¡Subamos los dos! Podemos echar un trago.
—No te van a servir. Ya te he dicho que es un club para negros.
—Hace ocho años que no veo a Velma —dijo con su voz profunda y triste—. Ocho larguísimos años desde que le dije adiós. Y lleva seis sin escribirme. Seguro que encontrará alguna excusa. Trabajaba aquí. Buena chica, una muñeca; hay pocas como ella. En fin, ¿subimos los dos, eh?
—Vale —gruñí lleno de entusiasmo—. Subo contigo. Subiría mejor si dejaras de llevarme. Puedo andar solo. Me encuentro bien. Ya soy una persona mayor. Sé hacer pipí sin necesitar de nadie, sé hacer muchas cosas por mi cuenta. Así que no hace falta que me lleves.
—La pequeña Velma trabajaba aquí —dijo suavemente.
No me había escuchado. Subimos la escalera. Al menos me dejaba andar. Me dolía el hombro, y el sudor me empapaba la nuca.

Este fragmento pertenece al primer encuentro entre el detective y Malloy, un ex presidiario gigantesco y entrañable que busca a su novia. Será Philip Marlowe quien la localice y, al mismo tiempo, quien desenrolle la intriga que había llevado a Malloy a la cárcel.

Se hicieron dos versiones para el cine: una en 1945, dirigida por Edward Dmytryk, con Dick Powell; y otra —mucho mejor— en 1975, dirigida por Dick Richards, con Robert Mitchum y la siempre enigmática Charlotte Rampling. Para las dos películas se utilizó el mismo guión de Chandler.

La dama en el lago


Chandler traza esta novela basándose en tres relatos cortos: "Bay City Blues" (1938), "La dama del lago" (1939) y "No hubo crimen en las montañas" (1941). De nuevo Marlowe saldrá en busca de una mujer extraviada: en este caso, la esposa de un millonario californiano, ejemplar prototípico de aquellos años posteriores a la Depresión.

Coloqué una tarjeta de visita —de las que no tenían impresa la pistola ametralladora en un ángulo— sobre su escritorio, y pedí una entrevista con el señor Derace Kingsley.
(La secretaria) Miró mi tarjeta y preguntó:
—¿Está usted citado con él?
—No tengo cita.
—Es muy difícil ver al señor Kingsley sin haber concertado una entrevista.
Eso era algo a lo que nada tenía que objetar.
—¿Cuál es la naturaleza de su asunto, señor Marlowe?
—Es algo personal.
—¡Ya veo! ¿El señor Kingsley le conoce?
—No lo creo. Quizás haya oído mi nombre. Puede decirle que me envía el teniente M'Gee.
—¿Y conoce el señor Kingsley al teniente M'Gee?
Colocó la tarjeta al lado de un montón de cartas recién escritas. Se apoyó sobre el respaldo colocando sobre el escritorio un brazo bien torneado, y comenzó a dar golpecitos con un pequeño lápiz de oro.
Le guiñé un ojo. La rubia del conmutador sonrió con una sonrisa hueca. Parecía juguetona y dispuesta, pero no muy segura de sí misma, como un gatito recién llegado a una casa en la que sus habitantes no se interesan mucho por los gatos.

Marlowe se beberá sus buenas dosis de whisky mientras persigue la solución de este caso. Sólo se sentirá más viejo, más resignado, más descreído de las personas.

La dama del lago llegó al cine en 1946, dirigida e interpretada por George Montgomery. Con una particularidad narrativa: al hablarle a Marlowe, los personajes se dirigen a la cámara; es decir, toda la película está contada en cámara subjetiva desde el detective (en un momento, alguien le da un puñetazo, y en consecuencia la cámara rueda por el piso). Un buen ejemplo de "filmación en primera persona", aunque la versión era algo floja: a pesar del guión que Chandler le preparó, Montgomery no logró captar la esencia del personaje, volviéndolo una especie de superhéroe acartonado. Además, la cámara subjetiva impide la identificación del espectador con Philip Marlowe: somos sus ojos a la fuerza.

Se ha acusado a Chandler de torpe y desmañado. Puras mentiras: su escritura es sólida, llena de vida y relieve. También se le reprocha que en El sueño eterno se haya olvidado de un asesino: cuando se filmó la película —en 1946—, el director Howard Hawks y los guionistas —William Faulkner (nada menos), Leigh Brackett y Jules Furthman— no pudieron descifrar parte de la trama; consultado, Chandler admitió que ni siquiera él mismo era capaz de decirles quién había matado a uno de los personajes.

Por lo demás, ¿a quién le importa?
"Que se me muestre —dice Chandler— a alguien incapaz de soportar la novela policíaca: se tratará, sin duda, de un mentecato. Un mentecato inteligente —es posible—; pero, de todos modos, un mentecato."
Y yo pienso lo mismo.

Fuente: Marcelo Choren

Un curso por correspondencia

A los 44 años, Raymond Chandler tomó un curso por correspondencia para aprender a escribir porque tenía necesidad de dinero y quería cambiar de vida. Su trabajo en la industria del petróleo, donde llegó a ser un alto ejecutivo, lo tenía literalmente harto, así que se alegró cuando perdió el empleo por la crisis económica de 1930.

Pocos años más tarde, Chandler entraba a la historia de la literatura universal como uno de los padres de la novela negra, gracias a las siete novelas protagonizadas por el detective Philip Marlowe, las que acaban de ser reeditadas en un solo volumen de 1.400 páginas, Todo Marlowe (Editorial del Nuevo Extremo), tras una larga ausencia en las librerías.

Filósofo y moralista

Chandler publicó sus primeros relatos en 1933 en Black Mask, una emblemática revista fundada en la década de 1920, en pleno auge de la industria del pulp-fiction, que pagaba un centavo de dólar por cada palabra de los relatos policiales que editaba.

Para entonces, Dashiell Hammett había sentado las bases de la novela negra. A partir de Cosecha roja (1927), el relato policial debía dar cuenta de una sociedad violenta, cruel, absurda y mercantilizada al extremo de que para encontrar al culpable de un crimen se torna imprescindible contratar a un detective privado, algo así como el único ser incorruptible e inteligente que queda en el mundo.

Tras un tímido comienzo, Chandler apostó casi todas sus fichas a la construcción de ese sujeto: Philip Marlowe es el primer detective que protagoniza una saga en la historia del género, y de una novela a otra se puede ver crecer su escepticismo y su particular forma de observar la sociedad. Para Mempo Giardinelli, autor del ensayo El género negro, es un “detective-filósofo”. Para Juan Martini, quien durante su exilio español editó una colección especializada en novela negra, es un moralista que “cree íntimamente en una justicia posible que no tiene nada que ver con lo que se acepta por justicia en el mundo que le toca vivir”.

Chandler era un filósofo y un moralista. Alguna vez relacionó su obra con “el mundo corrompido en que vivimos y con el hecho de que cualquier hombre que intente ser honesto acaba pareciendo sentimental o sencillamente insensato”.

Caníbal de sí mismo

Es posible que haya imaginado la saga de Marlowe a partir de su lectura de William Faulkner. Frank MacShane, su biógrafo, afirma que Chandler escribía leyendo atentamente a sus contemporáneos y hay dos coincidencias llamativas con Faulkner: primero, la construcción de una saga, aun cuando Chandler no llegó al extremo de “fundar” un pueblo como Yoknapatawpha y puso a deambular a Marlowe por Los Ángeles, entre fines de la década de 1930 y mediados de la década de 1950;segundo, un aspecto constructivo clave de las novelas, que fue partir de relatos previos.

Faulkner llamaba a su escritura de cuentos “poner a hervir la olla”: debía producir relatos que las revistas quisieran publicar para juntar el dinero necesario para afrontar los gastos familiares, de modo que permitía casi todos los recortes y reformulaciones que le sugirieran mientras hubiera un cheque de por medio. Una vez que tenía una cierta cantidad de relatos escritos y vendidos, los entramaba y paría con ellos una novela que incluía todos los elementos censurados.

Chandler se basó en el mismo sistema, aunque no lo usó en todas las novelas de Marlowe, y lo llamó “canibalización”: se comía a sí mismo, fagocitaba lo que había escrito para producir otra cosa.

Giardinelli recuerda que hay cuentos en los que “aparece un prematuro Marlowe”, y otros donde el detective tiene otro nombre pero ya presenta todos “los elementos temperamentales” que caracterizarán al querido Marlowe.

Década gloriosa

Podría decirse que entre esos primeros y acaso débiles relatos y las posteriores y magistrales novelas no hay sólo tiempo, sino mucha lectura, mucho análisis y una disciplina increíble: Chandler se encerraba en una oficina a escribir y se prohibía cualquier actividad que no fuera ésa. Permanecer horas frente a la máquina, sin permitirse hacer otra cosa cuando no se le ocurría nada, provocaba finalmente una idea, hacía que apareciese en su mente una escena o una frase que condujese a ella.

El sueño eterno, de 1939, es la primera novela de la serie: un Marlowe duro, incorruptible y seductor, cuenta en primera persona la historia de un general que lo contrata por los problemas que le causan sus jóvenes y díscolas hijas.

Fue un éxito rotundo que alcanzó su máximo reconocimiento cuando la industria de Hollywood, pocos años más tarde, la convirtió en una película protagonizada por una pareja legendaria: Humphrey Bogart (¿quién más podía prestarle el cuerpo a Marlowe?) y Lauren Bacall. La película fue dirigida por Howard Hawks y el guión estuvo a cargo de William Faulkner.

Para entonces, Chandler ya había publicado las tres novelas siguientes de la serie: –Adiós, muñeca (1940), La ventana siniestra (1942, titulada en esta nueva edición como La ventana alta) y La dama del lago (1943)–, cuyos derechos fueron adquiridos de inmediato por las grandes compañías de cine, que además se peleaban por contratarlo a él como guionista.

Pero la experiencia no le resultó agradable, sino todo lo contrario. Cuando adaptó la novela de Patricia Highsmith en la que se basó Alfred Hitchcock para filmar Extraños en un tren (también titulada Pacto siniestro), llegó a la conclusión de que Hitchcock no había entendido el texto original, y en los créditos de la película aparece un segundo guionista porque Hitchcock lo usaba para que rehiciera cada escena que Chandler escribía.

Trampas del inconsciente

Esa década gloriosa se cierra con la publicación de su quinta novela, La hermana pequeña (1949), probablemente la más cinematográfica de toda la serie. No sólo por esos párrafos que describen una escena a la manera de los guiones cuando marcan el encuadre y la locación, y por esa apertura del relato en la oficina de Marlowe donde suena el teléfono, él atiende y deja la comunicación en suspenso hasta que mata una mosca en la que ha estado concentrado largo rato, sino también porque el mundo del cine aparecerá en los vericuetos del caso que tendrá que investigar.

El resultado no fue satisfactorio para el propio Chandler que, con gran capacidad para la autocrítica, sentenció: “En buena parte del libro perdí el contacto con mi propia manera de escribir y me salí por la tangente”. En otro momento señaló que era “el único de mis libros que me ha disgustado de verdad. Lo escribí en un mal estado de ánimo, y creo que esto se refleja en la novela”.

Vale pensar que el inconsciente le estaba jugando una mala pasada: odiaba el negocio del cine, del cual no podía zafarse por cuestiones económicas, y ciertos códigos de ese objeto maldito le contaminaron la escritura.

Para colmo, habían pasado seis años desde su anterior novela y pasarían otros cinco hasta que saliera la próxima. En la biografía de MacShane se advierte que son los años en los que duda de sí mismo, no se anima a seguir adelante pero tampoco quiere abandonar, le pesa demasiado que se haga diferencias entre una novela “policial” y una “seria” o “formal”, a lo que hay que sumarle cuestiones domésticas y algunas enfermedades –incluida una extraña alergia que le lastimaba las manos y le dificultaba escribir.

Quizás por todo ello, su sexta novela, El largo adiós (1953), es considerada la mejor de la serie. En palabras de MacShane, es “su obra más ambiciosa, en la que intentó llevar la novela de misterio a un plano donde nadie la había colocado antes que él”.

Es su respuesta a todos los que tildan a la novela negra de subliteratura: Marlowe es aquí un pobre tipo de apenas 42 años preocupado por desentrañar si un amigo lo ha estafado en el sentido afectivo, no jurídico, del término. Ése es tal vez el peor delito que pueda cometer un hombre, y no hay ley que lo sancione.

Fuente: La Voz Libros

Marlowe antihéroe

Philip Marlowe es uno de los primeros grandes antihéroes de EEUU, irónico, cínico y bruto a la par que encantador, es todo un arquetipo de la masculinidad. "Hizo que la corrupción y el vicio fueran extremadamente atractivos", sostiene el periódico Los Angeles Times.

Chandler tenía 51 años cuando publicó su primera novela, "El sueño eterno" (The Big Sleep, en 1939). Después llegarían "Adiós, muñeca" (Farewell, My Lovely, 1940), "La ventana alta" (The High Window, 1942), "La dama del lago" (The Lady in the Lake, 1943), "La hermana pequeña, (The Little Sister", 1949), "El largo adiós" (The Long Goodbye, 1954), "Playback" (1958) y la inconclusa "Poodle Springs" (1959), que fue rematada por su admirador Robert B. Parker.

Todas ellas con Marlowe como protagonista y como extensión sobre el papel de su propio autor. La primera adaptación al cine de "El sueño eterno" fue el clásico del cine negro dirigido por Howard Hawks en 1946, con Bogart en la piel del detective y Lauren Bacall como la perfecta "femme fatale". Años después, en 1978, fue Robert Mitchum quien tomó el relevo de Bogart en una nueva versión realizada por Michael Winner. El actor estadounidense repetía por entonces ese personaje, ya que en 1975 protagonizó "Adiós muñeca", de Dick Richards.

A Marlowe también lo encarnaron otros actores como Dick Powell, George Montgomery, Robert Montgomery, James Garner, Elliot Gould y James Caan, el más reciente ("Poodle Springs", 1998), quienes insuflaron al papel las necesarias dosis de humanidad y hasta cierta ternura. Además Chandler redactó más de veinte relatos cortos detectivescos -los primeros fueron publicados en las revistas "pulp" Black Mask y Dime Detective- así como un par de ensayos de relumbrón, sobre todo "The Simple Art of Murder", donde nació la expresión "mean streets" ("malas calles"), usada por Martin Scorsese en una de sus primeras películas.

El cine, no obstante, fue siempre objeto de deseo para Chandler, quien colaboró en los guiones de "Perdición" (Double Indemnity, 1944) de Billy Wilder, y "Extraños en un tren" (Strangers on a Train, 1951), de Alfred Hitchcock, basada en la novela de Patricia Highsmith. El único libreto que redactó por sí mismo fue el de la cinta "La dalia azul" (The Blue Dahlia, 1946), con Alan Ladd y Veronica Lake, por la que fue candidato al Óscar. Chandler, nacido en Chicago (Illinois) en 1888, se casó en 1924 con Cissy Hurlbut, una mujer 18 años mayor que él con la que había comenzado una relación cinco años antes, cuando ésta estaba casada, y con la que nunca tuvo hijos.

Tras la muerte de Cissy en 1954, el novelista emprendió un descenso a los infiernos ahogado en alcohol, que le llevó a varios intentos de suicidio. Cuando murió en San Diego (California) el 26 de marzo de 1959, a los 70 años, dejó todo su patrimonio -60.000 dólares y los futuros ingresos por derechos de autor- a su amiga y agente literaria, Helga Greene. En las novelas de Chandler, además de sus personajes, el contexto cobra una gran importancia. Sus personajes se desenvuelven en un hábitat que el escritor conocía muy bien: Los Ángeles, una ciudad tan brillante en su exterior como vacía en su interior, según la novelista Judith Freeman, autora de "The Long Embrace: Raymond Chandler and the Woman He Loved".

En ese libro Freeman sostiene que Chandler describió a la perfección "la soledad estadounidense", retratada en esa ciudad californiana por "gente abandonada en el paraíso, entre la abundancia y la riqueza extrema", como policías al margen de la ley, médicos drogadictos, matones ingenuos y millonarias con la intención de engrosar, de cualquier forma, su patrimonio.

Fuente: HoyCinema

El largo adiós de Robert Altman (1973)



Es su obra más ambiciosa y la más aclamada. Como The Little Sister, es un intento de utilizar la novela policíaca como vehículo de crítica social. Esto ya lo había hecho antes Dashiel Hammett - aunque no tan bien como lo hacía Chandler. La escribió mientras su mujer, Cissy, se estaba muriendo y es una novela que alcanza una intensidad emocional nunca alcanzada en este género hasta entonces. El argumento es totalmente original y los personajes reales cuyas acciones apuntan al tema central que es la alienación del hombre moderno. El argumento de la novela es como sigue: Marlowe conoce a Terry Lennox del que se hace amigo y le cuenta que su mujer, Sylvia, le ha abandonado. A Marlowe le intriga la educación y el acento inglés y la afabilidad de Lennox. Al cabo de unos meses se vuelven a encontrar y Lennox le cuenta que se ha vuelto a casar con su ex-mujer. Lennox va a ver a Marlowe a las cinco de la madrugada pídiéndole que le lleve al aeropuerto de Tijuana. Parece como si hubiera matado a su mujer, Sylvia, pero Marlowe no avisa a la policía porque no cree que haya sido Lennox. Pero cuando vuelve a casa se encuentra con el sargento Green y el detective Dayton. Marlowe no coopera y se lo llevan a la comisaría. Un segundo argumento empieza cuando Howard Spencer, un periodista, llama a Marlowe para pedirle que cuide de Roger Wade, un escritor alcohólico, un tanto violento, y que desaparece de vez en cuando. Con estos dos planteamientos se va desarrollando y entramando el argumento de esta obra. Esta obra es en la única en la que Marlowe tiene una relación con una mujer, Linda Loring. Esta novela es técnicamente superior a las anteriores. Es una obra de una pieza y no una recomposición de historias cortas. En The Long Goodbye los personajes son más importantes que el estilo o incluso que los crímenes. Eileen Wade es una asesina totalmente convincente, pero el hecho de que cometa dos asesinatos casi carece de importancia. En realidad lo importante es el estudio del conflicto de las lealtades y el estudio del personaje Terry Lennox. La novela comienza con el misterio de Terry lennox, luego el misterio de Roger Wade. La conexión entre ambos es Eileen Wade antes mujer de Lennox y ahora de Wade. Cuando ella confiesa los dos asesinatos y se suicida, el interés vuelve a Lennox, con quien el libro termina. El flujo de la novela es que los personajes importantes son insanos o débiles (Eileen Wade) y los personajes fuertes (Potter, Menéndez) se oponen a que Marlowe intente dar justicia a Lennox .

La ventana alta


Escrita entre "Adiós, muñeca" y "La dama del lago" , "La ventana alta", publicada por Raymond Chandler en 1942, gira en torno a la desaparición de una moneda valorada en una pequeña fortuna. Sin embargo, como suele ocurrir en los casos encomendados a Philip Marlowe, lo más trivial no tarda en empezar a complicarse, descubriendo un mundo en que el disimulo y el engaño, la violencia y el delito, parecen no ser más que las manifestaciones más naturales de una sociedad regida en último término por pasiones inconfesables y el amor al dinero. En esta novela, el protagonista, un Marlowe menos cínico que en otras ocasiones, y la casi omnipresente contraparte femenina se mantienen como siempre. En cambio, la galería de personajes canallescos es más amplia y la de personajes decadentes se duplica. Chandler tiene debilidad por las mosquitas muertas, por las mujeres apocadas y atrincheradas tras un discreto vestuario y una aparente sumisión de la que acabarán despertando ya sea porque el disfraz ya no les hace falta, ya sea porque la dura actitud de Marlowe, a mitad de camino entre un padre severo y un amante un tanto indiferente, las hace despertar y plantearse la vida de otra manera. En "La ventana alta", la chica es Merle Davis, secretaria de la señora Murdock, una vieja millonaria, obesa y alcoholica, que mantiene tiranizada a la señorita Davis y poco menos a su pusilánime hijo Leslie. La misión de Marlowe será recuperar un valioso doblón de oro robado, según la señora Murdock, por la última y muy casquivana esposa de su hijo. Por supuesto, Marlowe deduce en pocos minutos de chispeante conversación con la señora Murdock que la verdad es otra, y aunque es obligado por ella a seguir esa línea de investigación, todas sus pesquisas no harán más que confirmar su intuición inicial, lo que además implica que el doblón es lo de menos y que la sucesión de asuntos turbios, verdades a medias, mentiras completas, sobornos, chantajes, asesinatos y todo el muestrario de crímenes posible se sucederá hasta el final de la novela. Por supuesto es Chandler en estado puro. Diálogos rápidos que más que diálogos son auténticos duelos verbales de rufianes, malos absolutos, mujeres despampanantes y un Marlowe que sale de todos los líos con una sabia combinación de astucia, habilidad y buena suerte. La prosa magnífica de Chandler envuelve, en lenguaje de seda, una historia de suciedad moral sin ningún mañana en la que Philip Marlowe descubre, entre otras cosas, que la honradez es un asunto anterior a la invención del dinero.

viernes, 21 de mayo de 2010

Los Ángeles, años 40


Philip Marlowe tiene 33 años y trabaja como detective privado. Durante un tiempo trabajó en la oficina del Fiscal del distrito, pero fue despedido por insubordinación. Siempre rechaza los casos de divorcio y sólo se ocupa de investigaciones razonablemente honradas: un chantaje, una esposa o un hermano desaparecidos, un seguimiento, ayudar a un ex-mafioso a escapar del Sindicato... marcan el comienzo de historias que siempre resultan más complejas de lo que parecen.

Marlowe se mueve de un lado a otro de Los Ángeles y sus alrededores, primero en un Chrysler y luego en un Olds, haciendo toda clase de preguntas a toda clase de personas. Lleva siempre encima una botella de whisky y un fajo de billetes de un dólar para ayudarles a soltar la lengua. No usa la violencia salvo como un medio para defenderse y tiene que defenderse bastante a menudo. Su relación con los policías es ambigua, es respetado por algunos y odiado por otros. Es irónico, sarcástico, honesto, decente, duro, tierno, no parece conocer el miedo.

Tiene una pequeña oficina en el Edificio Caluenga en Hollywood Boulevard. Vive en el Edificio Bristol y más tarde se traslada a una casa en Yucca Avenue en Laurel Canyon. En su tiempo libre le gusta estar en casa, jugar solo al ajedrez, tomar un trago largo y frío o fumarse una pipa con silencio y tranquilidad. Bebe bastante, aunque no hasta el punto de que el alcohol sea un problema.

"He tenido demasiadas mujeres para tener una buena mujer" le dice a Anne Riordan en "El lápiz". Es quizás una excusa, ya que Marlowe desprecia a los mujeriegos. Anne es diferente al resto de mujeres que abundan en sus libros: sincera, eficiente, colabora con él y le adora. Podría haber sido su perfecta compañera, pero el protagonista prefiere seguir su camino en solitario. En Poodle Springs, le encontraremos casado con una millonaria que hará su vida muy diferente.

Es difícil obtener un perfil físico y psicológico de Philip Marlowe. Sus casos se desarrollan en primera persona y sólo podemos deducir su personalidad de su conducta y actuaciones. El protagonista cuenta lo que hace y lo que piensa del caso, pero evita los comentarios subjetivos y las reflexiones sobre si mismo son escasas.

Chandler retrata fotográficamente lugares y ambientes. Con el recorremos un Los Ángeles que ya ha desaparecido. Una época en que los hombres llevan sombrero y encienden cerillas con la uña y las mujeres destilan elegancia a la vez que infelicidad. A pinceladas refleja los contrastes entre un mundo en guerra y unos jóvenes compitiendo con sus motoras en el lago de Puma City o los "honrados" habitantes de Bay City que ignoran que al otro lado de las vías del tren vive gente en la más absoluta miseria.

Crea unos personajes que se convertirán en arquetipos fundamentales de la novela negra: el marido honrado, la mujer fatal, el poli malo... Una policía con su propia ley, a medio camino entre el bien y el mal, como un compromiso adquirido con el mal para que este no sobrepase sus límites.

Películas

Historia de un detective (Murder my Sweet, 1944). EEUU. Director: Edward Dmytryk. Guión: John Paxton, basado en “Adiós, muñeca”. Intérpretes: Dick Powell (Marlowe), Claire Trevor (Helen Grayle/Velma Valento), Anne Shirley, Otto Kruger, Mike Mazurki (Moose Maloy)

El sueño eterno (The Big Sleep, 1946). EEUU. Director: Howard Hawks. Guión: William Faulkner, Jules Furthman y Leigh Brackett. Intérpretes: Humphrey Bogart (Marlowe), Lauren Bacall (Vivian Rutledge), John Ridgely (Eddie Marsh), Martha Vickers (Carmen Sternwood), Dorothy Malone, Charles Waldron (General Sternwood)

La dama del lago (The Lady in the Lake, 1947). EEUU. Director: Robert Montgomery. Guión: Steve Fisher. Intérpretes: Robert Montgomery (Marlowe), Audrey Totter (Adrienne Fromsett), Lloyd Nolan, Tom Tully, Leon Ames (Derace Kingsby)

The Brasher Doubloon, 1947. EEUU. Director: John Brahm. Guión: Dorothy Hannah, basado en “La ventana alta”. Intérpretes: George Montgomery (Marlowe), Nancy Guild (Merle Davis), Conrad Janis, Roy Roberts, Fritz Kortner, Florence Bates, Marvin Miller

Marlowe, detective muy privado (Marlowe, 1969). EEUU. Director: Paul Bogart. Guión: Stirling Silliphant basado en “La hermana pequeña”. Intérpretes: James Garner (Marlowe), Gayle Hunnicutt (Mavis Wald), Carroll O'Connor, Rita Moreno (Dolores Gonzáles), Sharon Farrell, William H. Daniels, H.M. Wynant, Jackie Coogan

El largo adiós (The Long Goodbye, 1973). EEUU. Director: Robert Altman. Guión: Leigh Brackett. Intérpretes: Elliot Gould (Marlowe), Nina Van Pallandt (Eileen Wade), Sterling Hayden (Roger Wade), Mark Rydell, Henry Gibson

Adiós, muñeca (Farewell, My Lovely, 1975). EEUU. Director: Dick Richards. Guión: David Zelag Goodman. Intérpretes: Robert Mitchum (Marlowe), Charlotte Rampling (Helen Grayle), John Ireland, Sylvia Miles, Anthony Zerbe, Harry Dean Stanton, Jack O'Halloran

Detective privado (The Big Sleep, 1978). EEUU. Director: Michael Winner. Guión: Michael Winner. Intérpretes: Robert Mitchum (Marlowe), Sarah Miles, Richard Boone, Candy Clark (Camilla Sternwood), Joan Collins, Jimmy Stewart, Oliver Reed

Poodle Springs, 1998. Película para TV. EEUU. Director: Bob Rafelson. Guión: Tom Stoppard. Intérpretes: James Caan (Marlowe), Dina Meyer (Laura Jackson Parker), Joe Don Baker, David Keith

Marlowe, 2007. Película para TV. EEUU. Director: Intérprete: Jason O'Mara (Marlowe)

Biografía

Raymond Thornton Chandler nació en Chicago en 1888. Tras el divorcio de sus padres se trasladó a Londres con su madre en 1900. Estudió en el Dulwich College de Londres. Entre 1906 y 1907 vivió en Francia y Alemania. En 1907 vuelve a Inglaterra, obtiene la nacionalidad y comienza a trabajar en el Almirantazgo. Trabaja brevemente como periodista en el “Daily Express” y la "Western Gazette", escribe varios poemas, ensayos y traducciones.

Vuelve a Estados Unidos en 1912 y se instala en Los Ángeles. Desempeña varios trabajos, principalmente de teneduría de libros. En agosto de 1917 se alista en el ejército canadiense y participa en la 1ª Guerra Mundial en las trincheras de Francia, posteriormente es transferido a la Royal Air Force donde comienza su entrenamiento como piloto. Tras el armisticio vuelve a Estados Unidos.

En 1919 comienza su relación con Pearl Cecily (Cissy) Pascal, casada y 18 años mayor que él, que pronto se divorciará de su marido. A la muerte de la madre de Chandler, que se oponía a su relación, contraen matrimonio en 1924.

Trabaja para Dabney Oil Syndicate desde 1922 y pronto asciende a Vicepresidente. Diez años después es despedido a causa de su alcoholismo, absentismo y acoso a su personal.

A partir de 1933 comienza a escribir relatos cortos para la revistas pulp como "Black Mask" y "Dime Detective". Con 50 años, escribe “El sueño eterno”. Al comienzo de 2ª Guerra Mundial intenta alistarse de nuevo en el ejército, pero es rechazado. En 1943 firma un contrato como guionista en Hollywood y junto con Billy Wilder realiza la adaptación de Double Indemnity (Perdición) de James Cain. En 1945 escribe el guión de The Blue Dalia (La dalia azul), tras un periodo de abstinencia, incapaz de escribir, vuelve al alcohol para recuperar la inspiración.

En 1954 muere su mujer y Chandler se refugia en la bebida y sufre depresiones que desembocan en intentos de suicidio. En los años posteriores viaja a Chicago, Nueva York, Londres, Madrid y Tánger. Es hospitalizado frecuentemente a causa de su alcoholismo y tiene problemas de impuestos con los gobiernos de EEUU e Inglaterra. Muere de una neumonía en La Jolla, California el 26 de marzo de 1959. En 1989 Robert B. Parker, el autor de Spenser, terminó la obra inacabada Poodle Springs.

Fuente

Primero la novela después el cine

Mientras el policial clásico separa el crimen de su motivación social y pone el acento en descifrar el misterio que rodea el hecho (el detective no se pregunta por qué sino cómo se cometió el crimen), la novela negra excluye el mito del enigma y sugiere que la causalidad de los delitos responde a cuestiones económicas. El dinero dicta la moral de los personajes y el crimen es un espejo de la sociedad. Ambigüedad, sospecha y fatalismo son caracteres de la novela y el cine negro. La influencia de Chandler también se extendió al cine, como guionista, con la adaptación de sus obras y como creador del mítico detective privado Philip Marlowe. Chandler nació en Chicago el 22 de julio de 1998. Cuando los padres se divorciaron, él y su madre se instalaron en Irlanda. Luego fue enviado a Londres a vivir con su abuela. Estudió en el Dulwich College de esa ciudad y completó su formación en colegios de Francia y Alemania. En 1912 regresó a Estados Unidos y en 1917 se alistó en el cuerpo de los Gordon Highlanders de Canadá. Al término de la guerra, trabajó como empleado de banco, periodista y ejecutivo en una empresa de petróleo. En 1924 se casó con Pearl Cecily Bowen, más conocida como Cissy, diecisiete años mayor que él, que falleció en 1954 y no tuvieron hijos.

Producción literaria

En 1934 publicó el cuento titulado Finger man , donde aparecía por primera vez el detective Philip Marlowe, pero todavía sin el perfil humano y profesional con el que lo caracterizaría a partir de su novela El sueño eterno, editada en 1939. Desde esa fecha y hasta su muerte, en 1959, publicó otras seis novelas con Marlowe como protagonista: Adiós, muñeca (1940), La ventana siniestra (1942), La dama del lago (1943), La hermana pequeña (1949), El largo adiós (1953), considerada su obra maestra, Playback (1958) y la inconclusa Poodle Springs (1959), que fue terminada por Robert B. Parker. Además fue autor de otra veintena de relatos breves del mismo estilo, inicialmente publicados en la revista Black Mask, y de un par de ensayos titulados Escritores en Hollywood (1945) y El simple arte de matar (1950). Sus numerosas cartas fueron recopiladas por el británico Tom Hiney en un libro que en nuestro país se editó con el título El simple arte de escribir. Cartas y ensayos escogidos (Emecé, 2002). Solitario, melancólico, escéptico e incorruptible, Marlowe es el prototipo del investigador duro, pero honorable y culto, que bebe a cualquier hora, fuma sin descanso y habla sólo lo necesario. Adora el ajedrez y la poesía, no recurre a la violencia física para ajustar cuentas y posee una moral y una dignidad que le permiten eludir el acoso de las "mujeres fatales". Siempre fue considerado como una suerte de alter ego del escritor. Chandler afirma en una de su numerosas cartas: "Hay quienes me dicen que Marlowe tiene conciencia social. Marlowe tiene tanta conciencia social como un caballo. Lo que tiene es una conciencia personal, que es algo muy diferente. (...) Marlowe y yo no despreciamos a las clases altas porque se bañen y tengan dinero; las despreciamos por hipócritas". Marlowe fue interpretado en el cine por Humphrey Bogart, George Montgomery, Robert Mitchum, Elliot Gould, James Caan, Dick Powell y James Garner. Pero Chandler tenía in mente otro actor: "Si alguna vez -escribió- hubiese tenido la oportunidad de elegir un actor de cine que representara mejor la imagen que yo tengo de él, creo que tendría que haber sido Cary Grant".

Chandler y el cine

En 1943 fue convocado para trabajar en Hollywood, pero siempre privilegió su condición de novelista por sobre el de guionista. "El guionista avisado -decía- se pone el segundo mejor traje, hablando en términos artísticos, y no se toma las cosas demasiado en serio. El guión es el segundo mejor traje, nunca el primero". Su primer guión fue Pacto de sangre , dirigido por Billy Wilder, basado en la novela de James M. Cain. Para Chandler fue una experiencia traumática. "Trabajar con Wilder -comentó años después- fue un verdadero tormento, que probablemente acortó mi vida, pero con él aprendí casi todo lo que sé acerca de escribir para el cine". Wilder, a su vez, afirmó: "Jamás he trabajado con alguien que me irritara más". Con posterioridad participó en los guiones de El mañana es nuestro (1944), de Irving Pichel; La sombra funesta (1945), de Lewis Allen; La dalia azul (1946), de George Marshall; y Pacto siniestro (1951), de Alfred Hitchcock, según la novela de Patricia Highsmith. De la filmografía basada en su obra literaria se pueden mencionar las siguientes películas: El enigma del collar (1944), de Edward Dmytrik, sobre la novela Adiós, muñeca; Al borde del abismo (1946), de Howard Hawks, sobre la novela El sueño eterno; La dama del lago (1947), de Robert Montgomery, sobre la novela del mismo título; La moneda trágica (1947), de John Braham, sobre la novela La ventana siniestra; Marlowe, detective privado (1969), de Paul Bogart, sobre la novela La hermana pequeña; Un adiós peligroso (1973), de Robert Altman, sobre la novela El largo adiós; Adiós, muñeca (1975), de Dick Richards, sobre la novela del mismo título; y El sueño eterno (1978), de Michael Winner, sobre la novela del mismo título.

Triste, solitario y final

Es el título de la primera novela de Osvaldo Soriano, publicada en 1973, en la que rindió homenaje a Marlowe. El progresivo desmoronamiento del detective (en Poodle Springs , la última novela de Chandler, quebró sus principios y aparece casado con una millonaria), guarda alguna relación con el deterioro que padeció el propio escritor a partir de la muerte de su esposa, cuando emprendió un descenso a los infiernos del alcoholismo, que lo condujo a dos intentos de suicidio. Por decisión testamentaria, dejó su patrimonio y los futuros ingresos por derechos de autor a su amiga y agente literaria Helga Greene. En el libro El largo abrazo : Raymond Chandler y las mujeres que amó, su autora Judith Freeman sostiene que Chandler describió a la perfección "la soledad estadounidense", retratada en esa ciudad californiana por "gente abandonada en el paraíso, entre la abundancia y la riqueza extrema", como policías al margen de la ley, médicos drogadictos, matones ingenuos y millonarias con la intención de engrosar, de cualquier forma, su patrimonio". Hollywood fue para Chandler causa de conflictos. Para él, la industria del cine significaba mucho dinero y poca satisfacción. Se mortificaba cuando algún proyecto fracasaba, pero sobre todo despreciaba la superficialidad que imperaba en el mundillo del cine. Tuvo la intención de escribir una novela sobre Hollywood y la imaginaba como "una especie de palacio de gobierno sudamericano tomado por asalto por militares vestidos con uniforme de opereta. Cuando todo termina y se pueden contemplar los muertos andrajosos que pueblan por millares las calles, uno comprende que esto no tiene nada de divertido: es un circo romano condenado a marcar el fin de una civilización". Quienes fueron sus amigos, sugerían recordarlo, en cada aniversario de su muerte, con un gimlet , ese trago a base de gin que en El largo adiós el detective Marlowe consumía casi sin pausa en el bar Victor's. Y saludarlo con sus propias palabras, las mismas que rescató Soriano: "Hasta la vista, amigo. No le digo adiós (...) Se lo dije cuando era triste, solitario y final".

Fuente

Poodle Springs de Raymond Chandler por Bob Rafelson (1998)



En 1963 el detective Philip Marlowe se encuentra mayor y algo cansado del mundo. Sus legendarias investigaciones de los años 40 y 50 quedan lejos. Está prácticamente retirado de su vida como detective. Se ha casado y vive lujosamente rodeado por la más selecta alta sociedad. Pero el lujo no consigue hacer mella en el cinismo de Marlowe ni en su vocación de buscar problemas. La llamada de un detective amigo le conduce a involucrarse en un nuevo caso en el que la pornografía es la tapadera de un asunto de mayor envergadura. En pocas horas tiene roces con la policía y es contratado para cobrar una deuda de juego. Pronto descubre el lado oscuro de Poodle Springs, un pueblo del desierto, donde la codicia, la lujuria y la desesperación llevan a hombres y mujeres a vivir vidas secretas, e incluso, al asesinato. Cuando Raymond Chandler murió en 1959 dejó escritos varios capítulos de este thriller protagonizado por su legendario personaje Philip Marlowe. Treinta años después, el libro de Chandler apareció gracias a la colaboración de uno de los grandes escritores policiales actuales, Robert B. Parker, genuino intérprete de la mejor tradición del autor.

Perdición de Billy Wilder



La acción tiene lugar en Los Angeles entre finales de mayo y el 16 de julio de 1938. Un agente de una compañía de seguros (Walter Neff) y una cliente (Phyllis Dietrichson) traman asesinar al marido de esta última para así cobrar un cuantioso y falso seguro de accidentes. Walter Neff, de 35 años, es soltero, reservado y de débil de carácter. Al visitar al Sr. Dietrichson, para renovar la póliza del seguro de sus coches, conoce a su esposa, Phyllis, sensual, atractiva y seductora, que despierta en él gran interés. Aprovenchando esto, ella trata de seducirlo para convertirlo en cómplice del plan que los conducirá a la perdición. De esta forma, la película enfrenta a un hombre honrado, pero débil, con una mujer fuerte, sin escrúpulos, que aprovecha su atractivo personal para engañarlo, manipularlo y utilizarlo despiadadamente. Es destacable la sordidez de la historia, centrada en la ejecución de un crimen con premeditación, frialdad, desprecio por la vida humana, codicia y alevosía. Entre los dos personajes se establece una insana relación de amor y odio, dominio y sumisión, atracción y repulsión, que se ve corroída por las sospechas cruzadas de infidelidad, de Neff con Lola Dietrichson y de Phyllis con Nino Zachetti. Se añaden las sospechas de crímenes pasados, de planes de nuevos crímenes y la aparición de deseos mutuos de venganza. Todo se complica cuando entra en acción el investigador de la empresa de seguros (Barton Keyes). El investigador Barton Keyes, mientras avanza en su investigación implacable, hace que salga a la superficie un mundo escalofriante de bajas pasiones. El espectador queda con la sensación de que los verdaderos motivos que mueven el comportamiento perverso de los dos protagonistas no quedan explicados de modo justo y cabal. Posiblemente, de esta sensación se deriva uno de los atractivos más poderosos del film. La obra está narrada en forma de confesión, que relata los hechos en "flashback". Billy Wilder dirigió el film, Raymond Chandler escribió el guión que adapta una novela de James M. Cain, quien, a su vez, se inspiró en una historia real. La película cuenta con dos partes claramente diferenciadas. La primera detalla la atracción sexual, el plan del homicidio y la posterior ejecución del crimen, mientras que la segunda narra la investigación del siniestro por parte del astuto perito de la compañía de seguros, en la que se dibuja con habilidad la angustia sufrida por los personajes involucrados en el crimen ante el temor del descubrimiento del asesinato y el consiguiente fraude. Uno de los aciertos del film es el uso de la voz en off (que Billy Wilder consideraba una forma de resumir muchas páginas de guión) y que aquí está más que justificada, puesto que la película es un gran flashback. La ambientación es otro punto a favor de la trama. El espectador percibe lo sucio y decadente del entorno en que se mueven los protagonistas, comprende su necesidad de salir de ahí. En cuanto al guión, es indudable que tener a Raymond Chandler de coguionista garantizaba el éxito de los diálogos. Lo cierto es que Billy Wilder tenía la intención de trabajar con su guionista habitual en esa época (Charles Brackett), pero Brackett no consideraba moralmente aceptable que el público estuviese de parte de los asesinos. Sin desmerecer el trabajo de Brackett, tener a Chandler (creador de Philip Marlowe) como guionista ha ayudado a que “Perdición” sea uno de los hitos del cine negro, y eso a pesar de que Wilder definió su relación con Chandler como de como “odio a primera vista”.

La Dalia Azul de George Marshall

Adiós, muñeca de Dick Richards (1975)



La segunda novela de Chandler es única entre las novelas americanas del siglo XX, es una fiesta de símiles, un uso continuo de lo grotesco. Moose Malloy es un personaje bastante esperpéntico a quien Marlowe conoce en el bar de Florian, donde está buscando a su amor Velma. Cuando intentan echarle del bar, Malloy mata al dueño. Marlowe es un testigo de este crimen. El teniente Nulty lleva el caso y convence a Marlowe para que investigue. Marlowe le pide al teniente que busque a Velma urgentemente. Se entera de que la viuda de Florian vive y cuando va a verla descubre a través de unas fotos que ésta tiene relación o conexión con Velma y se lo cuenta a Nulty. Un segundo argumento comienza cuando Lindsay Marriot, un "gigolo", le dice a Marlowe que tiene que pagar $8.000 por un collar de jade. Cuando va donde le dicen, le golpean y se despierta ante Anne Riordan, una periodista por cuenta propia, el tipo de chica con la que Marlowe se hubiera casado si él hubiera sido el tipo de chico para casarse. Encuentran el cuerpo de Marriot, ella apunta a Marlowe con una pistola pero la convence para que baje el arma. Al día siguiente encuentra en su oficina a Anne esperandole. Ella había descubierto que el propietario del collar era Mrs. Lewin Lockridge Grayle. Estos dos argumentos se unen cuando se sabe que Mr. Grayle es el propietario de la radio KFDK ya que Velma era una cantante. Marlowe encuentra una tarjeta del psiquiatra, Jules Amthor, y queda con él y descubre que Marriot tiene un embargo preventivo en la casa de Mrs. FLorian, quien recibe una carta certificada todos los meses, le dice Mrs. Morrison, una vecina. Marlowe visita otra vez a Mrs. Florian pero ésta no habla. Anne le presenta a los Grayles. Un indio de Hollywood está esperando a Marlowe en suoficina. Le enseña una factura de $100 y le lleva a la zona de Amthor. La habitación se queda oscura y le golpean. Se despierta en un hospital con delirium tremens, burla a la 100 enfermera y se marcha de allí y ve a Malloy. Al tercer día de esto, el teniente Randall está en su casa preguntandole sobre Malloy y sobre Marriot. Van los dos a ver a Mrs. Florian y se la encuentran muerta. Marlowe se entera por medio de un policía, Galbraith, que puede encontrar a Malloy en un barco propiedad de Laird Brunette, un gangster. Va allí y le pasa un mensaje a Malloy por medio de Brunette. De vuelta a tierra, Marlowe llama a Mrs. Grayle para quedar con ella. Tiene a Malloy escondido cuando llega Mrs. Grayle. Entonces Marlowe se da cuenta de que ella es Velma. Ella doblegó a Malloy, mató a Marriot e intenta matar a Marlowe. Cuando Malloy sale del armario, Velma le dispara cinco tiros y muere esa misma noche. Este es más o menos el argumento y el final de la novela que se descubre gracias a Marlowe y a Anne Riordan aunque hay cosas poco probables en este caso. Esta novela como la primera de Chandler, tiene su origen en las historias cortas, concretamente en "Try the Girl", "The Man Who Liked Dogs" y "Mandarin ´s Jade". Chandler hizo grandes avances técnicos en esta novela. Refuerza el código del detective. El contraste entre el teniente de policía Nulty y Ranndall proporciona humor y revaloriza el sentido del trabajo. Pero el avance más importante es la presentación que hace Chandler de la toma de conciencia de Marlowe. Varias veces el lector entra en la mente de Marlowe y descubre la técnica de la introspección.

jueves, 20 de mayo de 2010

¿Cual es el mejor Phillip Marlowe en el cine?

Desde hace años tengo una discusión con con un amigo, respecto de cuál es el mejor Philip Marlowe del cine. El sostiene –y consta en el principio de Manual de perdedores– que es Humphrey Bogart. Yo creo que no, que es Robert Mitchum. Esta noche –y es noticia– dan por Europa Europa la notable Adiós muñeca (1975), de Dick Richards, en estreno; y la semana que viene la versión londinense de The big sleep, de Michael Winner (1978). Fíjense lo que hace el siempre entornado Mitchum en las dos –disímiles, desparejas– versiones de las novelas de Raymond Chandler y después me dicen. Yo creo que no pueden quedar dudas.

El equívoco generalizado de preferir al dotado Bogart –mejor actor que Mitchum, sin duda– surge desde el momento en que Bogart hizo el único Sam Spade imaginable en El halcón maltés, de John Huston, en 1941 y después, (definitivamente endurecido y cómodo en el mito naciente tras Casablanca y Tener y no tener) saltó del filoso y ambiguo personaje de Hammett al caballero andante de Chandler en The big sleep, de Howard Hawks (1946), sin cambiar nada: cinco años después se puso la misma pilcha, el mismo blanco y negro e hizo lo mismo excepto el detalle de tocarse la oreja. Y mató. Así fusionó los dos personajes en la memoria y el imaginario colectivo con la base de dos películas y directores excepcionales. Pero él, flaco, con esa mandíbula y esos dientes apretados, era y es Spade. Nunca Marlowe. Y no es raro que Bogart con esa única actuación haya dejado marca definitiva en el personaje de Chandler porque no hubo entonces entre los que lo interpretaron nadie que le hiciera sombra. Para nombrar sólo los principales: ni sus coetáneos Dick Powell y Robert Montgomery ni mucho menos –ya en los sesenta– el tonto de James Garner o el enrulado Elliott Gould que usó Altman para ironizar sobre El largo adiós compusieron un Marlowe digno y convincente.

Así hubo que esperar treinta años para que un Mitchum ya de vuelta, al filo de los sesenta años, gastado y sabio, pusiera las cosas en su lugar. Con el glorioso cine negro, Chandler y Bogart muertos hacía rato, y con espacio y tiempo suficientes para una reconstrucción “de época” sin excesos, el versátil Dick Richards –famoso sobre todo por las grandes películas que no hizo o se perdió de dirigir: Tiburón y Tootsie, dicen– eligió Farewell, my lovely (Adiós, muñeca), segunda novela de Chandler y de Marlowe, doblemente transitada en los primeros cuarenta y con buena versión enredada de Edward Dmytryk, y encaró el guión impecable y selectivo de David Zelag Goodman (Los perros de paja, entre otras) con criterio de fan nostalgioso pero no boludo: hizo, en colores, la película que le hubiera gustado ver o que veía en sus sueños adolescentes en blanco y negro. Puro clima, pura atmósfera sin adjetivos excesivos, Adiós muñeca es una joyita.

El guión de Goodman se cargó entero un personaje –Anne Riordan, que tocaba el corazón de Philip–, pero así aclaró una trama compleja y le dejó todo el campo sentimental a la terrible Velma a la que una Charlotte Rampling todavía enterita le pone los ojos y la frente de Bacall. Además, Goodman y Richards inventaron una gorda mala inolvidable y engalanaron dos secundarios de marca, para recordar: nada menos que Jim Thompson (sí, el novelista, el de El asesino dentro de mí) es el juez corrupto casado con Velma, y hay un violento y fugaz Sylvester Stallone en vísperas de Rocky que muere por tocar una rubia ajena. Y hay más: John Ireland y Harry Dean Stanton son el policía bueno y el malo, todo un tema chandleriano.

Lo de Mitchum es simplemente perfecto. Sin hacer casi nada: pone la cara, camina levemente escorado. La luz –el neón, los focos amarillentos– no lo ilumina, lo modela. Los actores actuales no saben usar sombrero, siempre parecen disfrazados. El nació con el sombrero puesto. Está de vuelta, pero cree, vive solo pero tiene amigos, le pegan y pega, cuida al grandote Moose y al nene mulato pero besa a la yegua y le dispara cuando duele y corresponde. Este es el Mitchum que a los 58 años hizo el mejor Marlowe que existe.

La otra película, la remake de The big sleep que hizo en 1978, apenas tres años después, Michael Winner –el inglés que alguna vez dirigió a Brando haciendo Henry James y después se especializó en la saga de Bronson vengador–, tiene, si se piensa o sabe de dónde viene la cosa, dos problemas: debe lidiar con el clásico de Hawks en la memoria de los espectadores y con una (insólita) localización setentista en Londres que enrarece todo. Marlowe –es decir: Mitchum– anda en Mercedes descapotable, pasa tarifas en libras y usa Rolex. Es probable que el argumento –la adaptación es suya, de Winner– se entienda mejor que en la de 1946, pero no están Faulkner ni Leigh Brackett en el guión. Ni Chandler por ninguna parte. Aunque cabe ser justos y aceptar que este final es más acorde con el espíritu de la novela que el de la versión clásica, que forzaba el necesario happy end de Bogart-Bacall. Otras secuencias, en cambio, están calcadas de la de Hawks, pero sin clima.

El reparto es lujoso: el viejo general que recibe en el invernadero es nada menos que James Stewart (el otro yanqui importado para dar clima), la hija atorranta mayor es Sarah Miles, que hace el papel de Bacall pero loca, y está Joan Collins antes de la fama televisiva. Oliver Reed es buen actor; Richard Boone tiene una cara de malo bárbara y las escenas de acción son las que mejor le salen a Winner.

El resto es Mitchum sin sombrero, un fuera de ambiente pero no de papel, veterano escéptico que mientras encamina/enmascara los hechos y protege el orgullo del viejo general agonizante dentro de la piel de Marlowe, insinúa que sus malvados de La noche del cazador y Cabo de miedo no se rinden.

Fuente: Juan Sasturain

miércoles, 19 de mayo de 2010

Historia de un detective de Edward Dmytryk (Versión de Adiós, muñeca)



Un tipo muy grande entra en un local para negros y echa por la puerta a uno. En ese mismo momento, Philip Marlowe pasaba por ahí, y pecando de exceso de curiosidad abre la puerta del local desde donde salió disparado el hombre negro para mirar. Una fuerte mano lo agarra y lo echa hacia dentro. Así es como se topa Marlowe con el mítico Moose Malloy, un tipo grandote acabado de salir de la prisión en busca de su amada Velma, la cual no sabe nada desde hace 6 años. Lo que le parece a Marlowe un asunto sin mucha importancia le llevará a través de un sinfin de situaciones con muertes violentas, mata-sanos peligrosos y policías corruptos. Philip Marlowe emprende la búsqueda de Velma, la antigua chica del singular gigante Moose Malloy (que "Incluso en Central Avenue, que no es la calle más discreta del mundo en materia de vestimenta,pasaba tan inadvertido como una tarántula en un trozo de bizcocho") búsqueda que desencadena un siniestro recorrido que acabará desenmascarando los resortes del poder en una ciudad en la que "las leyes se hacen para los que pagan". Es curioso que detrás de la violencia, los tipos duros, las gabardinas cerradas, los automóviles, los tiroteos del cine negro haya una historia de amor. Estudiosos de Chandler dicen que hay un aliento romántico en sus novelas, que Marlowe es un personaje del siglo XIX puesto en el XX, vestido con traje y con un revólver en un bolsillo. Esto, que parece un disparate, nos da una pista para entender la novela y la película. Tras su rudeza puede haber unos sentimientos y unos gestos que revelan un alma diferente, la de un caballero andante, la de un romántico que aún cree en el amor. ¿Por qué, si no, ayuda a un ex convicto a encontrar a su chica? ¿Por la mísera paga de 50 dólares? Claro que no. Marlowe arriesga su vida porque acaso no viva con ninguna mujer una maravillosa historia de amor, pero innegablemente sigue creyendo en el poder del amor y en el efecto beneficioso que produce en los que se aman. Llega hasta el final, hasta saber quién es Velma, la amada del ex convicto, hasta lograr reunirlos: entonces la dura realidad del dinero y el poder se muestran en su esplendor y la amada mata al antiguo amado porque detesta su pasado con él y ama el dinero, el poder que ha conseguido casándose con un viejo juez que le tolera cuanto hace sólo por tenerla a su lado - un amor desesperado, terminal, un amor en el que se da todo y se espera muy poco -. Marlowe, para defenderse, mata a Velma y la película llega a su triste conclusión: el amor no resiste el paso del tiempo, no se mantiene apartado de la corrupción, el gran tema de las novelas de Raymond Chandler: todo se corrompe, hasta lo más puro, porque vivimos en un mundo corrupto, en una sociedad que se alimenta y nos alimenta de corrupción: esa corrupción que es sinónimo de echado a perder, de falso, de falto de lealtad, de pureza, esa pureza en la que Chandler creía. Queda sólo una posibilidad: ayudar al inocente, al niño cuyo padre han matado para que no se descubriera la nueva identidad de Velma, y Marlowe va a darle el dinero que le ha cobrado a un mafioso, las ganancias que ha obtenido con este caso que le deja una vez más triste, solitario y final.

¿Por que leer a Raymond Chandler?

Diez buenas razones para leer a Raymond Chandler:

Primero. Chandler (1888-1959) escribió la novela (me refiero a "El largo Adiós") que puso al género negro (llamado "hard-boiled") entre Faulkner y Hemingway. La literatura norteamericana del siglo XX no podrá nunca ser explicada con un esquema que se reduzca a presentar poesía, teatro y novela sin los aportes de Chandler.

Segundo. Dashiell Hammet es el origen mítico: Chandler es el desmitificador. El Antiguo testamento del género negro lo redactó Hammet; Chandler no perdió oportunidad para ensamblar uno nuevo, con apocalipsis y todo.

Tercero. Borges explicó alguna vez que las novelas detectivescas según el modelo del enigma soluble eran, a la manera de los cuentos de Chesterton, "milagrosas partidas de ajedrez". Pienso que si hubiera tenido que definir las novelas de Chandler hubiera tenido que decir que eran "escépticas partidas de póker".

Cuarto. Conan Doyle deja, entre un mar de novelas históricas que no valen gran cosa, un personaje llamado Sherlock Holmes. Austin Freeman deja al Dr. Thordndyke. Chandler creó a Philip Marlowe y hasta ese día los investigadores guardaban una relación, jamás desmentida, con Auguste Dupin. Marlowe, duro con sólo abrir los ojos, con más de un metro ochenta, pelo castaño oscuro, ojos marrones, fumador empedernido, sobrio con seis whiskys en la cabeza, armado con una 38 smith&wesson, fue protagonista de siete novelas que constituyen un ciclo talismánico: "El sueño eterno" (1939), "Adios, muñeca" (1940), "La ventana siniestra" (1942), "La dama del lago" (1943), "La hermana pequeña" (1949), "El largo adios" (1953) y "Playback" (1958). Su última novela iba a ser "The Poodle spring story" y tenía el propósito de casar a Marlowe con una acaudalada mujer, pero quedó incompleta. La moraleja es simple: el buen detective no se casa.

Cinco. Su literatura constantemente nos recuerda que no hay relato sin anécdota, que no hay anécdota sin personajes de suficiente vigor, que no hay personajes sin diálogos maravillosos y que no hay diálogos sin una atmósfera propia de una época terrible que explique por sí misma toda la historia.

Seis. A los 51 años apareció su primera novela. Antes de eso, ya había escrito relatos que lo convertían en un clásico. La revista Black Mask, fundada en 1920 por H.L. Mencken con apenas 500 dólares, le publicó "Los chantajistas no matan" en 1933 y desde entonces no abandonó el género. Comenzó imitando a Hammet y no se dio por vencido hasta superarlo con creces. Hacia 1941 había publicado una veintena de cuentos que recuperó años más tarde en sus novelas. Le gustaba decir que "canibalizaba" sus viejas historias y las volvía oro. De sus cuentos, me confieso devoto de "Pececillos dorados", "Viento rojo" y "Asesino en la lluvia". Encuentro en éllos todo el cinismo contenido de sus obras mayores. Al describir un personaje concluye diciendo: "Le olía mal el aliento. Como tenía que ser".

Siete. Chandler, al contrario de muchos de sus colegas, se preocupó de establecer un decálogo del escritor de policiales. En 1944 permitió la publicación de "El simple arte de matar" y en 1949 escribió "Apuntes sobre la novela policial". Las conclusiones a que llegó pueden resumirse en estos puntos: a)Verosimilitud en la situación y desenlace. b)Realismo y precisión. c)Estructura simple que esconda técnicas complejas. d)Trama con solución inevitable. e)Personajes creíbles. f)Historias sin historias anexas. g)Castigo ineluctable al criminal. h) Honestidad y autenticidad. i)Preocupación por la víctima. j)Detective soltero. La última regla debió ser que no hay novela policial perfecta, pero él se encargó de probarlo incumpliendo muchas de sus normas y patentando otras.

Ocho. Nacido en Chicago, educado en Inglaterra, soldado al servicio de los Gordon Highlander de Canadá, empleado de banco, periodista, ejecutivo de una firma petrolera que lo despidió por sus escándalos con secretarias, suicida frustrado, Chandler pertenece a la galería de escritores norteamericanos cribados en lo más explosivo de la vida. Su narrativa, por fortuna, recoge esa veta y da la sensación de un vitalismo inagotable. Línea por línea es incompleto; en su conjunto no tiene parangón. Su estilo, con ritmos rápidos, acumula hallazgos verbales imprevisibles. En la lentitud, su voz se pierde: hay que confesar que su narrativa es para andar a más de ochenta kilómetros por hora. Sus novelas, tras una lectura de Proust, por ejemplo, son antologías de vértigos.

Nueve. No debe desestimarse nunca su trabajo en Hollywood. Como Hammet, como Fitzgerald, como Faulkner, como tantos otros, sufrió y ganó montañas de dinero en los estudios cinematográficos. Cien mil dólares recibió por los derechos para la filmación de "Playback". En resumidas cuentas, de su paso por Hollywood hay dos películas míticas: "Double Indemnity" de 1944 y "The blue Dahlia" de 1946. No tuvo suerte con Hitchcock al preparar "Strainger in the train", la obra de Patricia Highsmith, pero contó con Faulkner como guionista de su propia novela "El largo sueño" y con Humphrey Bogart como actor. Marlowe es Bogart, aunque no sea mentira que tiene todos los rasgos de Cary Grant.

Diez. Inconforme con las clasificaciones, cedió a la tentación de escribir relatos fantásticos en los que tomó la precaución de conservar el móvil criminal y la presencia de investigadores. En "La puerta de bronce" (1939) hay una puerta que desaparece a las personas; en "El rapé del profesor Bingo" (1951) un hombre comete un crimen amparado en un rapé que lo hace invisible. A la par de estos cuentos que retoman mucho de H.G. Wells, Chandler publicó "Una pareja de escritores", realista, corrosivo, humorístico. He vuelto varias veces a esa historia atraído por la crueldad y encanto que la signa: Hank Bruton y Marion son dos personajes inolvidables atrapados por un ambiente de indiferencia y total derrota.

Cada lector tiene razones que la razón no conoce. Imagino que los anteriores puntos pueden dar una idea dogmática, pero la verdad es otra: como Pedro Beroes, me creo sólo un lector profesional que escribe en los ratos que le deja libre la lectura y he escrito este artículo sin pretensiones de probar nada, porque sí, por compartir un gusto. El resto es literatura.

Fuente

Raymond Chandler y la génesis del cine negro

Raymond Chandler nace en Chicago el 23 de julio de 1888, pero cuando su padre, un ingeniero alcohólico que trabajaba para una compañía ferroviaria, les abandona, su madre, irlandesa de nacimiento, se trasladará a Inglaterra con el pequeño. Allí contarán con el apoyo de su tío, un próspero abogado. A los doce años, y tras superar sus estudios elementales, ingresa en el Dulwich College, colegio privado donde recibirá una educación clásica, genuinamente británica.

Un dato curioso: el célebre autor cómico P.G. Wodehouse impartía clases prácticas de narrativa en dicha institución; quizás, y de una manera bastante retorcida, se encuentre en la desopilante y vitalista ironía de este probable profesor el origen del duro sarcasmo que Chandler convertirá en una de las señas de identidad de su más célebre creación, un noble detective privado que hará del cinismo una pose y una armadura. Un oscuro y dudoso homenaje al humor británico, si tal fuese efectivamente el caso.

Finalizada esta etapa, el joven Raymond prefirió la bohemia instrucción que le proporcionaron las calles de París y Munich a la más formal y académica de las aulas universitarias. En 1907 obtiene la nacionalidad británica lo que, entre otras cosas, le permitió opositar y obtener una plaza como funcionario del Almirantazgo. Durante este breve periodo de su vida nacerá una vocación literaria que, significativamente, verá la primera luz de las imprentas con la publicación de un poema. Después nadie como Chandler escribirá novela negra con la bella y sanguinolenta cadencia de un Shakespeare que, con un revólver en la guantera, conduce por las soleadas y corruptas avenidas de Los Ángeles.

Aunque su familia le presiona para que no abandone la áurea y segura mediocridad de su puesto como administrativo, a Raymond le disgustaba tanto el disciplinado servilismo que impera en su oficina, que decide reconvertirse en aventurado reportero que trabaja por libre. Tanto su tío como su madre tendrán sobradas oportunidades de recordarle sus ignoradas advertencias; a duras penas consiguió ganarse la vida vendiendo sus trabajos a periódicos como el Daily Express o la Western Gazette. Entretanto, proseguía escribiendo poesía de estilo romántico.

Con veinticuatro años, regresa a Estados Unidos y se instala provisionalmente en Los Ángeles. Durante esta dura y solitaria etapa se dedicó a variopintos trabajos: cortador en una fábrica de raquetas de tenis, peón en las campañas de recogida de fruta... Un curso por correspondencia le permite obtener un diploma de contabilidad y éste, un trabajo mejor.

En 1917 el gobierno estadounidense, tras muchas vacilaciones, decide participar en la Gran Guerra; ocasión que aprovechará el joven Chandler para volver a satisfacer la sed de emociones de su alma inquieta. Alistado en las filas de la fuerza expedicionaria canadiense, combate en las trincheras y, casi al final del conflicto y en una base inglesa, recibe entrenamiento de la RAF.

Firmado el armisticio, vuelve a instalarse en Los Ángeles; esta vez ha llevado a su madre consigo. Allí conocerá a la que habría de convertirse en su esposa, Cissy Pascal, una divorciada dieciocho años mayor que él. Para no disgustar a su irlandesa, católica y obstinada madre, que, por supuesto, no aprobaba dicha relación, Raymond y Cissy aplazarán su boda hasta 1924, cuando ya la primera señora Chandler no forme parte del reino de los vivos.

Hacia 1932, su carrera como contable da un vuelco espectacular, ya que es nombrado vicepresidente de una compañía petrolífera; puesto en el que nuevamente permanecerá apenas un año. Entre los motivos alegados para su despido, encontramos alcoholismo, absentismo laboral y un intento frustrado de suicidio.

Y ese fue el desastroso preámbulo de su carrera como escritor profesional. Echándole un pulso a la necesidad escribió ‘Los chantajistas no disparan’ (1933), relato que logra publicar en ‘Black Mask’, mítica revista dedicada a los relatos policiales y de misterio. Siguieron otros relatos donde se fueron recreando ambientes y tipos humanos que habrían de ponerse de largo en su primera novela, ‘El sueño eterno’ (1939), rápidamente convertida en un éxito de ventas y a la postre, y con permiso de Dashiell Hammett, en hito fundacional de un género que gozará de una larga y fecunda existencia: la novela negra.

"Eran aproximadamente las once de una mañana de mediados de octubre sin sol y con una copiosa lluvia en la claridad al pie de las sierras. Llevaba yo mi traje azul pólvora, camisa azul oscura, corbata y un pañuelo desplegado, zapatos gruesos y negros, calcetines negros de lana, con cuadrados azul oscuro. Estaba pulcro, limpio, afeitado y sobrio y me importaba muy poco quién lo supiera. Era en todo el detective privado tal cual debe ser. Iba a pedir cuatro millones de dólares ".

Así hace acto de presencia un tipo con nombre de príncipe y apellido de dramaturgo isabelino: Philip Marlowe. Un solitario fulano que juega al ajedrez consigo mismo, construyendo círculos viciosos de un onanismo descarado y lacerante. Paradoja inevitable, metáfora del sino de sus desventuradas aventuras: automáticamente sus pequeñas victorias le suponen, como mínimo, otras tantas derrotas. Coleccionista de tragos que mitigan la memoria de sus decepciones. Maestro en el arte de esgrimir el comentario más mordaz y oportuno.

Ácrata desencantado de cualquier redención personal o colectiva, pasada, presente o futura. Y, sin embargo, “no acepta con deshonestidad el dinero de nadie, ni la insolencia de nadie sin la correspondiente y desapasionada venganza”.

En 1946, Howard Hawks lleva ‘El sueño eterno’ a la pantalla de los cines y pone a Marlowe la cara de Humphrey Bogart; le da la réplica su esposa en la vida real, Lauren Bacall, quien, con el aspecto físico ideal para la ocasión, compondrá un referente irrenunciable para todas las actrices que en adelante se enfrenten al ambiguo papel de rubia peligrosa de cine negro. Bogart no hubiese sido la elección de Chandler, ya que imaginaba a su personaje más con el terco y preciso desenfado elegante de un Cary Grant; obvia decir que ningún productor cinematográfico le complació a este respecto. Un dato cinéfilo: Raymond Chandler, contratado por Hollywood, ejercerá años más tarde de guionista para Billy Wilder y Alfred Hitchcock; para este último y sin mucha convicción, dudaba de la verosimilitud de la historia, escribió el guión de Extraños en un tren (1951), basándose en la novela homónima de Patricia Highsmith.

Pero volvamos a Marlowe. Durante veinte años y siete novelas pateará las aceras de Los Ángeles, conducirá por carreteras que bordean acantilados californianos, forzará cerraduras de lujosas mansiones con playa privada y las de pestilentes tugurios, perseguirá a rubias platino o pelirrojas cuyas bellas y armoniosas curvas sólo son comparables a su perverso materialismo, actuará como guardián de pobres niñas ricas, mimadas hasta el extremo de incluir la pornografía y el asesinato entre sus inocentes caprichos...

Quedan lejos los detectives "amateurs" de la novela-problema británica, lejos el idílico, pero criminal, universo rural de Miss Marple, la perspicaz y talludita detective creada por Agatha Christie, donde los elementos del puzle eran bastante estables y sólo requerían ser reordenados, donde el único problema podía reducirse a una ecuación de sentimientos o intereses encontrados, que la flemática señorita resolvía entre el paseo matutino y la taza de té de las cinco. Marlowe y sus descendientes tienen un escenario muy distinto: la ciudad, una jungla de asfalto donde impera la ley del más salvajemente frío y calculador; una caseta de espejos de feria donde el aspecto tanto físico como, sobre todo, moral de los personajes puede mutar con tan solo avanzar unos pasos, pasando una de esas páginas de pulpa de papel que con tan irónica y sádica nostalgia, mucho después, habría de homenajear Quentin Tarantino. Pura inestabilidad, continuo desequilibrio imposible de restaurar. Tan sólo apañárselas, sobrevivir, aceptar la dinámica del juego para poder participar en él, pero no sus reglas. El detective actúa manteniendo su conciencia al margen, se ensucia el traje, las manos, la cara de polvo, grasa, sangre pero preserva su alma impoluta.

Sin el salvavidas de su orgullo, su carrera no tardaría en bascular hacia el ojo del huracán, para hundirse rápidamente en el cieno movedizo que supura el corazón corrupto de la ciudad.
El autor confesó haber proyectado algunas características propias en su personaje; Marlowe ha leído incluso a Proust y es un fanático del cinismo y las metáforas poéticas (algunas de las cuales saborearon, estoy seguro de ello, Burroughs o Bukowski). Pero le completó con cualidades que le hubiese gustado poseer y no tenía: fuerza y destreza atléticas para defenderse a puñetazo limpio de cualquier agresión, independencia y seguridad emocionales, la sangre fría suficiente como para esquivar una bala o renunciar al beso de rubias empeñadas en introducirle la lengua en la boca “con la contundencia de un karateca”. Marlowe nunca traiciona, ni se traiciona. Quizás por eso, y pese a numerosos y atractivos ofrecimientos, tampoco mezcla nunca trabajo y sexo.