martes, 3 de julio de 2012

Marlowe, anatomía de un duro

Decía Raymond Chandler, no sin afectación, que no creía que a su amigo Philip Marlowe le interesara mucho saber si era dueño o no de una mente madura. Reconocía que ése tampoco era un tema que le preocupara a él… inventor de Marlowe. También se animaba a opinar que, si estar en desacuerdo con una sociedad corrupta es ser inmaduro, luego su detective era severamente inmaduro. Marlowe fue para los lectores que iban más allá de la peripecia de las novelas que lo tenían como protagonista, generalmente “inmaduros”, un consuelo, un sueño soñado e irrealizado, como todo ideal utópico, el del perdedor ganado para la causa. Chandler hizo que Marlowe naciera en Santa Rosa, al norte de San Francisco, una pequeña localidad que se hizo conocida porque en sus calles fue filmada La sombra de una duda, de Hitchcock, con Joseph Cotten, un rostro que bien pudo aportar algo al de Marlowe, no descripto en ninguna de las siete novelas que protagoniza ni en los cuentos donde aparece, el más cercano a la ironía con la que Marlowe nos hace reír. Varios actores lo encarnaron en las versiones cinematográficas, pero los que nos hacen ensoñar la verdad o sus cercanías fueron Humphrey Bogart en El sueño eterno (1946) y Robert Mitchum en Adiós, muñeca (1975), dos extremos que sólo confluyen en un suave escepticismo y el modo de fumar y beber. Chandler quería a Cary Grant para su personaje, se equivocaba. Pero entre muchas verdades Chandler formulaba una significativa: «El detective de mis novelas es una creación ilusoria que vive y habla como un hombre verdadero. Hasta puede ser realista en muchos sentidos menos en uno: en la vida real, tal y como la conocemos, un hombre como él no sería detective privado». Haciendo de Marlowe un detective privado, su autor evita la necesidad de justificar sus contingencias. Un personaje imposible, acaso el más real, el más humano de cuantos habitan la literatura policial, que es un mundo, un espacio de corroboración y aceptación del miedo y la sed de justicia. El lector se compromete con Philip Marlowe y se hace una idea de sus soledades y los ritos inconstantes con que trata de paliarla, sin quejarse. Cuando empieza a protagonizar las novelas de Chandler, Marlowe tiene poco más de 30 años. En la última, Playback , se acerca a los 50; envejece como si no fuera un personaje, más bien como su autor. Como personaje es ingrávido, pero sabemos que mide algo más de un 1,80 m y pesa 93 kilos, un tipo alto para la época, pesado pero ágil, al menos en El sueño eterno y Adiós muñeca . Después, con el desencanto se hará más reflexivo y por lo tanto menos raudo: en El largo adiós pone en funcionamiento extremo su cabeza a la vez que muestra sus sentimientos; allí tiene más la cara que le prestó Mitchum que la de Bogart. Chandler se ocupa de darnos a entender que su Philip no se muestra como un duro, pero en todas sus novelas, salvo quizá en Playback , nos indica que si le hacen cosquillas, o el caso lo requiere, puede ser tan extremo como Sam Spade, el desenvuelto detective de Dashiell Hammett también interpretado por Bogart. En casi todas sus apariciones alude a unos anteojos de sol con marco oscuro, pero no es una particularidad porque en Los Angeles los usaba todo el mundo. Viste con sobriedad, pero sin refinamiento porque no tiene dinero para gastar en ropa; también suele aludir al piyama, quizá una agudeza del autor que así confiere a su noche cotidiana un grado de vulnerabilidad que no pueden paliar ni la lengua afilada ni las armas de las que se sirve con moderación: una Lüger al principio, varios revólveres Colt y una misteriosa Browning, pistola belga de gran fama. Marlowe, que nos relata sus propias historias en primera persona, nunca se detiene a limpiar sus armas, ni las considera custodia de su seguridad personal. Entre sus confesiones está la del entusiasmo por el ajedrez, que no juega con nadie, sino contra un libro de jugadas que le permite intervenir en una partida de campeonato entre Gortchakoff y Meninkin (ambos ajedrecistas imaginarios), que resulta en tablas después de setenta y dos movimientos. Tal es la afición de Marlowe que sólo en Adiós muñeca no alude a las piezas y el tablero. Cuando se dispone a jugar también prepara una pipa, placeres de hombre solo; terminada la partida puede servirse un vaso de whisky; la bebida que él mismo hará famosa, el gimlet , aparecerá tardíamente y en la mejor novela de Chandler, El largo adiós ; una combinación de lima y gin que compartirá con su amigo Terry Lennox. Marlowe también fuma cigarrillos, sobre todo en presencia de mujeres: ama el género pero por alguna razón no dicha está desencantado y se siente atraído “generalmente por razones carnales”, aunque llegará a enamorarse. ¿Dónde vive Philip Marlowe? ¿Dónde se repite, reflexiona, juega al ajedrez y se pone el piyama? En El sueño eterno , según insinúa Chandler en Raymond Chandler Speaking , vivía en un departamento de un ambiente con una cama plegable contra la pared y de las que en la parte baja tienen un espejo. Después pareció haberse mudado a un departamento que se parece al que en aquella novela ocupaba un personaje llamado Joe Brody. Chandler opina que si se trata de la misma vivienda Marlowe la ocupa porque habiéndose cometido en ella un homicidio, el alquiler es bajo. Finalmente lo encontramos en una casa en Laurel Canyon, en la avenida Yucca. En cuanto a su oficina, allí donde responde al teléfono y recibe clientes (inquietantes son siempre las apariciones de mujeres), está ubicada en un sexto piso y es modesta. No tiene secretaria y, aunque en la última novela se insinúa que acaso sí en el futuro, la intención quedó trunca con la muerte del autor y, en consecuencia, la desaparición de Marlowe. Reapareció en cine y en la primera novela de Osvaldo Soriano, pero siempre a modo de espectro. Marlowe era carne en manos de Raymond Chandler y de sus apasionados lectores, que son relectores y atesoran citas y rememoraciones. Es tan real Marlowe que el desarrollo de sus casos, y la consabida resolución, tiene importancia accesoria; más queremos saber cómo es, como respira y duerme, cómo fuma y contesta los ingeniosos engaños de clientes y policías, que cómo termina el asunto. Porque en realidad no queremos que termine, nos gusta estar con él e intuir qué va a decir, cómo va a reaccionar. Para el lector de novelas policiales, Marlowe fue una revelación que lo alejaba de las deducciones inteligentes y británicas y lo acercaba al clima salvaje de las novelas realistas estadounidenses, Marlowe bien podría estar inserto en la multitud de Manhattan Transfer , de John Dos Passos y, ciertamente, se proyecta en el Lew Archer de Ross McDonald, a quien imaginamos menos intenso y más pulcro, y en los protagonistas suicidas de Charles Williams o los de Horace McCoy. A los frecuentadores de Marlowe les sucede algo extraño con las novelas de esos autores, siempre aparece la sombra de aquel personaje que en la vida real no hubiera sido detective privado, pero nunca su rostro, conjetural como el ajedrez.

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sábado, 12 de junio de 2010

viernes, 11 de junio de 2010

Chandler Movies

Movies Written By Chandler

Double Indemnity (1944)

Starring: Fred MacMurray, Barbara Stanwyck
Director: Billy Wilder
Producer: Joseph Sistrom
Screenplay: Chandler and Billy Wilder

And Now Tomorrow, Paramount, 1944
Starring: Alan Ladd and Loretta Young
Director: Irving Pichel
Producer: Fred Kohlmar
Screenplay: Chandler and Frank Partos

The Unseen, Paramount, 1945
Starring: Joel McCrea, Gail Russell, and Herbert Marshall
Director: Lewis Allen
Producer: John Houseman
Screenplay: Chandler and Hagar Wilde

Blue Dahlia (1946)
Starring: Alan Ladd, Veronica Lake
Director: George Marshall
Producer: John Housemane

Strangers on a Train (1951)
Starring: Farley Granger, Ruth Roman
Director: Alfred Hitchcock


Movies based on Chandler's Novels

The Falcon Takes Over, RKO, 1946
Screenplay: Lynn Root and Frank Fenton
Based on Farewell, My Lovely

Time To Kill, 20th Century-Fox, 1942
Screenplay: Lynn Root and Frank Fenton
Based on The High Window

Murder, My Sweet, Paramount, 1945
Starring: Dick Powell
Director: Edward Dmytryk
Screenplay: John Paxton
Based on Farewell, My Lovely

The Big Sleep (1946)
Starring: Humphrey Bogart, Lauren Bacall
Director: Howard Hawks

Lady in the Lake (1946)
Starring: Robert Montgomery, Lloyd Nolan
Director: Robert Montgomery

The Brasher Doubloon, 20th Century-Fox, 1947
Screenplay: Dorothy Hannah
Based on The High Window

Marlowe (1969)
Starring: James Garner, Gayle Hunnicutt
Director: Paul Bogart
Based on The Little Sister

The Long Goodbye (1973)
Starring: Elliott Gould, Sterling Hayden
Director: Robert Altman

Farewell, My Lovely, Avco Embassy, 1976
Starring: Robert Mitchum, Charlotte Rampling
Director: Dick Richards
Screenplay: David Z. Goodman

The Big Sleep (1978)
Starring: Robert Mitchum, Sarah Miles
Director: Michael Winner

miércoles, 9 de junio de 2010

Philip Marlowe, desencantado y ácido

Philip Marlowe es un personaje con un origen poco prestigioso: las revistas baratas de narrativa criminal. La biografía de Marlowe se encuentra dispersa en sus libros. Nació en la ciudad de Chicago y murió en La Jolla, California. Jamás habló de sus padres y después de coquetear con varias mujeres, a veces con riesgo para su vida, terminó por casarse; antes de convertirse en detective privado, trabajó como investigador de una compañía de seguros y otra petrolera, como periodista y ayudante de un fiscal en Los Angeles, un empleo que perdió por mostrarse eficaz "en un sitio en que eficiencia era lo menos que le importaba al que estaba a cargo". Marlowe surgió de otros personajes que protagonizaron relatos anteriores de Chandler y, sobre todo, como decantación de una voz narrativa de extraordinaria eficacia. La narración en primera persona es una de las claves de su fuerza, tanto por el efecto de proximidad que se produce con el lector como porque condensa el programa estético del autor: una situación en la que el misterio se develara por medio de la exposición y la comprensión de un único personaje. En "El confidente" puede encontrarse el abecé del escritor y su personaje. Marlowe es testigo en un juicio por asesinato que involucra a un político ligado con la prostitución y el juego; pese a las pruebas la justicia desiste de la acusación. Una mujer atractiva y peligrosa lo lleva al centro de una telaraña en la que intentan adjudicarle un crimen. El orden podrá ser restablecido, sin que necesariamente intervenga la justicia, "un mecanismo imperfecto"; y es un orden aparente y frágil, permeable al dinero y a los manejos de los poderosos. Chandler elaboró su visión del género a partir de la obra de Dashiell Hammett y dio forma así a una ruptura en el policial. La novela de enigma cedió lugar a un relato en que la historia era más importante que el misterio y donde los personajes hablaban con el lenguaje de la calle. La figura de Marlowe fue central en ese desplazamiento, al mostrar la irrealidad del detective aficionado, el que resolvía los casos en base a la deducción y la lógica. Sin embargo, en literatura no hay progreso, y algunas variantes actuales del policial retornan al antiguo relato de misterio. Con sus crímenes remotos, y sus rompecabezas laboriosamente construidos, novelas como Los hombres que no amaban a las mujeres , de la trilogía Millenium (Stieg Larsson), y Las marismas , del escritor islandés Arnaldur Indridason, vuelven a poner los enigmas en un jarrón veneciano, como decía Chandler para criticar los argumentos de la novela tradicional. El realismo no hizo más verosímil a la novela negra norteamericana. El propio Chandler reconocía que, pese al carácter de sus historias, Marlowe era un personaje de fantasía y que los investigadores de la vida real resultaban más prácticos, y menos interesantes. Era difícil pensar que un detective ayudara a escapar a un prófugo de la justicia, como hace Marlowe en El largo adiós , o que siguiera a un ex presidiario demente en la búsqueda de una mujer, como ocurre en Adiós, muñeca . El sentido del fracaso y la conciencia que impulsan a Marlowe –una conciencia individual que desenmascara aquello que se le pone delante–. Pero son esas actitudes y esos rasgos lo que hicieron convincente al personaje, no su mayor o menor adecuación con algún modelo. La conciencia de Marlowe dispara frases que, tantos años después, siguen interpelando a los lectores: "Tenemos mafias y sindicatos del crimen y asesinos a sueldo porque tenemos políticos corruptos y a sus secuaces en el ayuntamiento y en la asamblea legislativa. El delito no es una enfermedad, es un síntoma", dice el detective en el final de El largo adiós.

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